The sintrom coming.

vejentud

Hace unas semanas fui a un concierto, lo pasé fenomenal -aunque no cantaran una de mis canciones favoritas y me sintiera un poco estafada- llegué temprano, me bebí un cóctel antes de que el grupo saliera al escenario, grité a pulmón herido cuando eran canciones de desamor, aplaudí hasta enrojecer mis manos, saltar…saltar no salté que me duele el tobillo, pero en general sentí que “lo dí todo”.

La apertura de puertas era a las a las 21 y ahí estaba yo a las 20:30 -que no sé si recuerdas pero éstos 1.50 cms, tienen que llegar siempre pronto porque es bien sabido que detrás de todo gran hombre estoy yo, tratando de ver el concierto- no sé si será el plus de experiencia conciertil pero en cuanto vi que había segunda planta y cámaras de televisión decidí instantáneamente que me pondría justo allí, por dos motivos: por un lado si había segunda planta vería perfectamente puesto que la “juventud” estarían todos a pie de escenario y por otro, porque la experiencia me ha enseñado que a los medios sólo les dejan grabar dos o tres canciones máximo, así que en cuanto se fueran tendría el camino libre para ponerme en primera fila, aún así lo comenté con el cámara y marqué mi territorio con un abrigo en la barandilla, el cámara en cuestión me saltó la perlita de la que deriva ésta diatriba: ¿te gusta éste grupo, no es muy ruidoso para alguien de tu edad?, ¿PEEERDONA, PERO CUÁNTOS APARENTO? estuve a punto de gritarle mientras le enseñaba el documento de identidad y le decía: venga llama, llama al trabajo a ver cuántas veces al día me preguntan que si estoy de prácticas, llama hombre ¡LLAMA DE UNA VEZ! se ve que no lo hice porque el chico me sonrió diciéndome por lo bajito que también le gustaba el grupo, que los había visto ensayar, no lo tiré ahí mismo por la barandilla porque seguro que me tocaba también a mi hacerle la RCP.

Aún así y aunque te lo reconozca a ti y se lo hubiese negado fehacientemente al cámara, un poco de razón no le falta, no en lo del grupo que a cada quien le gusta lo que le gusta, más bien en lo de la experiencia, la madurez y efectivamente, en lo que en teoría desentonaba en el conjunto de personas del concierto, uf si la media de edad serían los 24.

¡Ay! la vejentud.

De la vejentud hablo constantemente, ya te irás dando cuenta, hablo de ella porque me siento abanderada, creo que soy jóven, aunque muchos insistan en considerarme mayor. Para hacértelo corto te diré que estoy más cerca de los cuarentas que de los treintas y mira por donde: yo encantada. No te voy a mentir, hay ocasiones en las que me descoloco y me pregunto que qué estoy haciendo con mi vida, pero en general soy inmensamente feliz, tengo mis momentos como todo el mundo, pero siento que soy bastante más feliz que la mayoría de mis amigos de la infancia. Hace unos años me sacudí las expectativas y ahora respiro sin la carga que la mayoría de nosotros suele autoimponerse; no estoy casada, no tengo hijos, no tengo ni planeo comprar una casa o un coche, no compro cosas que no necesito, he estudiado toda mi vida y podría cobrar más trabajando en otra cosa pero mi trabajo me gusta así que no planeo dejarlo, trabajo para vivir porque hace años que dejé de vivir para trabajar, llevo una vida sencilla, no tengo cientos de bolsos o zapatos, pero me he visto miles de películas, obras de teatro y he ido a cientos de conciertos, a mi me compensa.

La última soltera.

Aún así hay días que me descoloco, para no ir más lejos la semana pasada, en un grupo de whatsapp de compañeras de la Facultad una soltó el bombazo de que se casaba por fin con su novio de ya no sé cuántos años ¿puedes imaginarte que en lugar de felicitar a Paola, que después de todo era la que se casaba, empezaron a recordarme que yo era la última soltera? Oígase bien: LA ÚLTIMA SOLTERA ¿cómo te suena? la última soltera, yo, yo solita, nadie más, yo soy la última soltera, conmigo se acaba todo, al parecer si la raza humana se extingue es por mi culpa, la de nadie más; yo venga a hablar de la boda de mi amiga y ellas venga a hablar de mi soltería y mi ausencia de churumbeles; eventualmente pasamos a otro tema pero el asunto duró lo suyo.

Cosas de la vejentud.

Hago cosas de vieja no te lo voy a negar, me levanto cada día más pronto para no ir con prisas por la vida y tener tiempo de desayunar antes de salir de casa, dejo preparada la ropa del día siguiente, desconozco un montón de palabros que al parecer son de uso super común, mi James Bond era Timothy Dalton, sé quien es Remington Steele, conocí a Neil Patrick Harris siendo “legendario”… pero de médico, caí en el engaño de Milli Vanilli, usé pantalón campana -aunque éso ahora es de modernos- tuve una infancia sin ordenador, teléfono móvil, más de tres canales de televisión, tuve varios microinfartos mientras esperaba que el locutor en la radio no hablara mientras sonaba mi canción porque tenía listo el cassette para grabarlo, sé usar un teléfono con dial de rueda, mi Michael Jackson era negro, tuve un Atari 2600, la lista es interminable.

No soporto las versiones –exceptuando ésta -casi ninguna me gusta, no entiendo por qué las hacen, si son para homenajear al cantante original ¿por qué le destrozan la canción?, recientemente tengo una relación de amor-odio con ésta, me la recomendaron y allí que fui a escucharla, al primer acorde sabes que no, luego le vas cogiendo cariño y hasta la canturreas en la ducha mientras haces tu concierto mañanero con el gel de ducha como único espectador, se te mete en el recorrido hacia el trabajo, pero en el fondo sabes que no, que no está bien y te oyes decir “es que hay que respetar lo original” por supuesto, todo esto lo tienes que decir mientras te pones una rebequita porque refresca y así no puedes ir al centro de salud para que te receten el sintrom.

Puede que en ocasiones se me alborote tontamente la vejentud, pero es porque la juventud se me está haciendo larga y la vejez no quiere siquiera asomar la cabeza, así que mi conclusión es: que vivas tu vida como quieras y que pases de convencionalismos, que sonrías a diario y cantes en la ducha, y por supuesto que de vez en cuando te tomes tu tiempo para vivir despacio, para charlar con amigos, sin prisas, sin obligaciones, como si fueras un jubilado, un jubilado de la obligación de vivir rápido y de ser el que más cosas acumule.

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