Jamás te acostumbras.

Hoy te iba a hablar de otra cosa, te iba a contar una teoría que me he inventado acerca de los lunes, que yo soy muy de inventarme teorías, te iba a contar una chorrada como una casa que en éso también soy muy experta, pero no, hoy te voy a contar una cosa que me pasó ayer y que no he podido sacarme de la cabeza.

Como ya te he contado en algunas ocasiones, trabajo en un hospital desde hace ya la friolera de 18 años, aún recuerdo mi primera guardia en las urgencias de una clínica privada y de un médico en particular que me preguntó en mi primer día si yo ya había puesto sondas y cogido vías y como acto seguido me picoteó para que yo “asumiera” que al paciente le dolía cada intento mío por canalizar una vena. En ésa clínica trabajé dos años, ése médico se convirtió en uno de mis amigos y después, cosas del destino, en mi profesor cuando inicié mi segunda carrera, ¿pero ves como desvarío? yo no te iba a contar lo de 1997, yo te iba a contar lo de ayer, que lo tengo metido en el alma y necesito contártelo para que sepas como me siento después de 18 años de profesión.

Llevo un tiempo trabajando en ése Hospital en concreto, a pesar de llevar tiempo allí, aún conservo la capacidad de perderme por sus pasillos, un don que tengo, es no coger el camino de siempre y encontrarme en salas que nunca había visto, muchísimas veces he optado por volver a salir a la calle para ubicarme porque yo me aprendí un caminito con dos o tres variantes y no hay quien me haga cambiar de ruta, vuelta la burra al trig, a la cebad AL MAÍZ, AL MAÍZ QUE SOY CELIACA.

Trabajo en el turno de mañana, trabajo con adultos, hace cosa de cinco o seis años que no planto un pie en las salas de pediatría, pero a como a mi los niños me gustan (los ajenos sobre todo, que como soy super coherente no quiero hijos propios, aunque me encanta tratar con niños) y como mi hospital es tan enorme que no he logrado conseguir que me asignen una taquilla en adultos,  a pesar de llevar cosa de un año yendo religiosamente dos veces por semana a rogar en personal que me cambien de vestuario (o que me sellen la credencial del peregrino, ya puestos) porque tengo que ir con 20 minutos de antelación para atravesar el hospital hasta mi vestuario, cambiarme y volver a atravesarlo para llegar a mi sitio de trabajo, 20 minutos por la mañana, 20 por la tarde -que bien podrían ser 15 o hasta 10 cada vez, pero yo camino con la premura que el pie me permite-.

Bien, que como puedes ver, lo de divagar se me da fenomenal; así que todos los días salgo de los vestuarios y para llegar a mi chiringo, tengo dos opciones: o bien hago el paseillo por diagnósticos (inmunología, genética, radioterapia, medicina nuclear, unos vestuarios -que están más cerca pero que no me asignan- esterilización, otorrino, trauma, otros vestuarios -que también miro con ansias- endocrino y mi chiringo) o puedo hacer la ruta por pediatría (las consultas de cardio, oftalmo, el pasillo de la uci pediátrica, admisiones, neumo, la cristalera, la rea, alergias, derma y mi chiringo) en distancia es más o menos lo mismo, pero casi la totalidad de las veces me decanto por la ruta que atraviesa pediatría que tiene dibujitos molones en casi todas las paredes.

Ayer escogí como casi siempre la ruta por pediatría, iba pasando por el pasillo de la uci pediátrica -que tiene unas ventanas que aunque no permiten ver hacia dentro, dejan intuir figuras- cuando lo escuché, había un ruido que no encajaba con la hora, con la espera de los últimos minutos que preceden al cambio de guardia, con el sonido ambiente que dan los respiradores, los monitores, las bombas de alimentación, con los ruidos normales de una uci, ahí en el fondo se escuchaba, cuando llevas tanto tiempo trabajando en Sanidad los reconoces, reconoces los sonidos, las urgencias ocultas en timbres de voz que quieren parecer normales, la angustia que se esconde en un “carga” una palabra, cinco sencillas letras que lo cambian todo.

Escuché el “carga” del otro lado del pasillo y me detuve, sabia que no podía hacer nada, pero me detuve, quizás por inercia, porque llevaba un par de años sin escuchar uno, porque quería enviar mis fuerzas desde el otro lado del pasillo, porque quería respirar despacio y con calma por aquellos que sabía que del otro lado tenían el pulso acelerado, porque quería ser sus pulmones, su corazón, su cerebro, por lo que sea no lo sé, pero me detuve, me quedé en silencio luchando una batalla que empecé a batallar en 1997 y que espero batallar toda mi vida, me quedé en silencio y me detuve, poco menos de dos minutos después, ellos también se detuvieron, el ruido cambió y lo supe, nadie decía nada pero yo lo sabía, habíamos perdido, y si, digo habíamos, todos nosotros, porque cada paciente es de todos, porque quieres salvarlos a todos, aunque no los hayas visto, aunque no sepas quienes son o qué patología tienen quieres salvarlos a todos, no diré que haya vidas que valgan más que otras pero ¡joder! sobre todo quieres salvar a todos los niños, aunque como en mi caso yo no quiera fotocopiarme el genoma, si que quiero que las fotocopias de los demás salgan adelante.

Miré mi reloj para darme cuenta que llegaba tarde, muchos 20 minutos de antelación para atravesar el hospital y llegaba tarde, así que terminé de recorrer el pasillo para seguir con la ruta de pediatría, al final del pasillo, a una hora en la que no suele haber apenas movimiento de gente ajena al hospital, estaban la madre, el padre y dos familiares más del niño que habíamos perdido, la madre también lo sabía, nadie le había dicho nada pero ella también lo sabía, mientras me alejaba escuché como se abría la puerta y un compañero salía a dar la noticia. El grito de la madre se me metió en la cabeza y me ha acompañado desde ayer, he hablado con cientos de pacientes entre ayer y hoy, he dado decenas de palabras de ánimo, me he alegrado con la recuperación de muchos, he reñido a alguno que otro, pero el grito de la madre no me lo saco de la cabeza, y es que no te acostumbras, 18 años de profesión y no te acostumbras.

Otro día te cuento lo de mi teoría acerca de los lunes, pero hoy no, hoy todas mis palabras son para ése niño o niña que perdimos ayer, si, el que perdiste tu también, aunque como yo no le hayamos visto jamás, hoy mis palabras están con el adulto que pudo haber sido, con el genoma que se pudo haber fotocopiado, con las risas que no se reirán, con todos los “haz el favor de bajarle a la tele” o los “mientras vivas bajo este techo” hoy mis palabras están contigo… pequeño.

Problemas “gordos”, Sanidad Desnutrida.

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Soy profesional sanitario, estoy gorda. Cuesta, la verdad que cuesta lo suyo aunar ésos dos conceptos, parece ser que si eres personal Sanitario has de saber de todo, pues bien: yo no sé de todo.

Llevo 16 años dedicados a la Sanidad y aún sigo sin dominar mi propia categoría profesional, como para meterme a aplicar la de otros, irónicamente es lo que espera de nosotros el Ministerio de Sanidad con su política de no contratación de Dietistas-Nutricionistas, espera que todos en materia de nutrición tengamos algo que decir; te dan “consulta nutricional” en enfermería, en talleres de ergonomía, en fisioterapia, en consultas de traumatología, en, como una vez me pasó: la consulta de rehabilitación, había acudido cuando empecé el viacrusis del tobillo (que al final y después de casi tres años va a terminar en cirugía) y  la rehabilitadora me dio una de ésas dietas mil veces fotocopiada para que la siguiera sin más, una dieta tipo, una dieta desordenada, que no solicité y que nunca seguí, era una dieta disociada de ésas que tuvieron su furor a mediados de los noventas, con nombre de médico e infinita publicidad gratuita a base de estrellas de televisión.

En éstos 16 años he visto a compañeros de múltiples especialidades dar a los pacientes consejo nutricional apoyados solamente en las famosas dietas mil veces fotocopiadas, en todo éste tiempo ni como profesional ni muchos menos como paciente me he encontrado con Dietistas en la consulta, planta o servicio especial del hospital y mucho menos en atención primaria, lo sufro desde los dos lados: como profesional al que acuden usuarios en busca de consejo, un consejo que yo no puedo darles con propiedad y como paciente al que también se me niega el derecho básico a una atención especializada para mi dolencia. Si el corazón, los pulmones, el hígado, la piel tienen sus especialistas y no se nos pasaría por la cabeza por ejemplo enviar a un hombre con problemas de rodilla a la consulta del oftalmólogo, si que enviamos -me envían- a obesos, diabéticos, hipertensos y un largo etcétera a consultas de nutrición impartidas por profesionales que NO son los adecuados.

Todos en el mismo saco.

El paciente del que se habla en casi toda la literatura es un hombre blanco, sano, de mediana edad y unos 70 kilos de peso, en base a ése hombre ficticio se han venido elaborando cientos de teorías en todas las especialidades médicas y antropológicas, éstos datos por supuesto se basan en literatura que no suele corresponder con el hombre ficticio español, aún así seguimos las mismas pautas que se nos han marcado, en nutrición no hay mucha diferencia, la cosa es ¿qué pasa cuando no somos el hombre ficticio de la literatura?

Os cuento mi caso: estoy gorda, soy celiaca, hipotiroidea, alérgica al huevo e intolerante a lactosa aún así cada vez que he ido al endocrino, o a la consulta de obesidad ya sea del hospital en el que trabajo, mi centro de salud o mi hospital de referencia, en todas las ocasiones he salido con una dieta “tipo” en la que el desayuno está compuesto por una pieza de fruta, 200ml de leche y 40gr de pan o 6 galletas tipo María, en todas las ocasiones me han dicho “tu cambia lo que creas que no puedes comer”.

A pesar de que en cuestiones de alergias se ha avanzado bastante aún hay mucho desconocimiento del tema por cientos de profesionales, yo personalmente me he encontrado en ésas consultas de obesidad con personas que me dicen: “lo de la intolerancia es una tontería, se es alérgico o no se es, y si no se es: pues se come” y se quedan tan panchos oye, me ha costado Dios y ayuda hacer entender en la cafetería del hospital que existen desayunos sin gluten, huevo, leche o mermelada, por lo pronto, y ésto es algo de lo que me siento muy orgullosa, he logrado que haya pan sin gluten en la cafetería (si, hay que llamar con 20 minutos de antelación para que te lo horneen porque son congelados, pero chico que menos da una piedra) éso para mi es un gran avance del que os hablaré otro día para no desviarme del tema.

¿Y la prevención?

En Sanidad somos muy de atacar el problema y menos de prevenirlo olvidándonos muchas veces que es justo en la prevención en donde más campo de acción y más población podríamos sanar sin esperar a tener que atacar, sobresale de nuevo la importancia de contar con  los profesionales idóneos para desarrollar correctamente ésa tarea. Si por cada euro invertido en asesoramiento nutricional se ahorran 50€ en tratamientos posteriores ¿no merece la pena hacerlo? Cientos de patologías deben ser tratadas desde el ámbito nutricional y aún así se las deja de lado, miles de niños crecen sin apoyo nutricional desde las consultas de pediatría o los comedores escolares, los ejemplos son infinitos, necesitamos especialistas en nutrición dentro del Sistema Nacional de Salud.

La falta de opciones.

En mi caso particular y ante la imposibilidad de encontrar un profesional dentro de la Sanidad Publica que pueda efectivamente y con todas las herramientas necesarias acompañarme en el proceso de pérdida de peso me he inclinado por un nutricionista privado que identifica mis carencias nutricionales y enfoca el proceso multidisciplinar que es la pérdida de peso a mis necesidades individuales, que no me da dietas tipo mil veces fotocopiadas y que adapta mi tratamiento a mi vida; elegir un nutricionista privado para mi nunca ha sido una opción, siempre ha sido una falta de opciones, yo que trabajo y lucho por una Sanidad Publica, pago un nutricionista privado porque siento que tengo las manos atadas y ésa es la razón por la que me he unido a Dietética Sin Patrocinadores y levanto la voz, por la que cedo un espacio en éste sitio y os animo a que vosotros hagáis lo propio, porque la Sanidad Publica debería tener entre sus filas a profesionales de la nutrición, porque estamos hartos de la falta de opciones. porque algo falla en nuestra sanidad y está en nuestras manos poder solucionarlo.

¿Cómo? 

Desde Dietética sin Patrocinadores, se está convocando una manifestación para el próximo 10 de mayo a medio día frente al Ministerio de Sanidad (Paseo del prado, 18)

Podéis leer aquí el manifiesto, el momento de actuar es AHORA.

Navidad en el hospital.

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Soy soltera sin hijos y trabajo en Sanidad, vale, para ti puede que no signifique nada, para mis supervisores en el hospital significa todo, pero todo es TODO, te cuento:

Corría abril de 1999 cuando una jovencísima versión mía se plantaba por primera vez en un hospital para unirse a la “cofradía del uniforme blanco” solo una semana antes me encontraba en la seguridad de las aulas, ahora me pedían que me pusiera delante de un paciente, acojonada era poco, para más inri en mi primer día me plantaron en una unidad de transplante de médula infantil con lo que el respeto por mi profesión era mucho mayor, recuerdo lavarme las manos compulsivamente durante ésas 12 horas, luego con los años vas con más tranquilidad pero la compulsión por el lavado de manos se te queda, te digo yo que se te queda, cada que me lavo las manos así sea en casa siento que me estoy preparando para una cirugía de corazón abierto, sé que no soy la única.

Lo que te iba a contar era otra cosa, te iba a hablar de las guardias de nochebuena y nochevieja; como te he dicho soy soltera sin hijos, éso hay que tenerlo muy claro porque es el detonante de todo: al ser soltera sin hijos no he tenido más que tres años la oportunidad de pasar estas fiestas en casa desde que pisé un hospital por primera vez allá por 1999, en teoría esto se rota entre todos los del servicio EN TEORÍA, pero luego todos los p*** años alguien “casualmente” se enferma con lo que hay que cubrirlo y como claro los eventuales somos menos pues hala ¡feliz navidad! año tras año veo como de nuevo aparezco en la planilla para alguna de las dos noches de fiestas, ha habido años en los que oh sorpresa, he aparecido programada para las dos noches, éso sí librando entre el 25 y el 30 como para compensarme, no me compensa te lo digo de nuevo, no me compensa.

“Bueno, tampoco es que te esté esperando nadie en casa”.

Alguna variación de ésa frase he escuchado durante más de 14 años, el pecado es ser soltera sin hijos, como si ésas dos condiciones me hicieran menos persona o me sacaran de cuajo a la familia del corazón, no, soltera sin hijos es igual a guardia de nochebuena o de nochevieja, pregúntalo te animo a preguntarlo ya te dirán lo mismo, sé muy bien que no soy la excepción.

¿Cómo es una guardia en fiestas?

arbol guantes

Según en el servicio en el que te encuentres cambia muchísimo, pero en todos intentamos acercar el espíritu a los pacientes, que ya tienen lo suyo con estar ésa noche en el hospital, en todos los casos procuramos hacer un poco más especial la que en teoría es una noche más, en la totalidad de los hospitales en los que he trabajado ésa noche dejan que los familiares pasen la noche o bien alargan la hora de visita hasta pasada la media noche, cosa que agradece mucho aquel que tiene familia y resiente el que está solo, el personal se vuelca sobre aquel que no tiene acompañante, ésos días nos saltamos un poco las normas y dejamos que se enciendan teléfonos móviles u ordenadores portátiles, todo por acercar un poco la navidad a los pacientes, después de todo nosotros al finalizar la guardia podremos dar un abrazo a los nuestros, muchos de los pacientes no tienen ésa suerte.

El personal lo lleva de otra manera, nos hacemos a la idea de que bueno, son unas horas, es una noche como las otras, pero aún así intentamos ser lo más navideños posibles, el hospital suele invitar a una cena que siempre se agradece, aunque en ocasiones nos la terminamos comiendo más cerca del desayuno que de la cena, si es en nochevieja hasta nos dan un cuenquito con uvas, ¡a veces hasta nos las comemos con las campanadas!, se adelanta media hora la ronda de media noche en un intento porque los pacientes no tengan que escoger entre uvas y paracetamol, algunos compañeros de otros servicios se pasean disfrazados por todo el hospital dando regalos y cantando villancicos, personalmente siempre he estado en servicios especiales por lo que nunca me he podido alejar de mi servicio para “hacer la ronda navideña” pero tengo la esperanza de que algún año podré.

En las guardias de fiestas se pica, ¡se pica mucho!, bueno en general en un hospital en época de navidad, se empieza a comer desde finales de octubre que es cuando empiezan a llover las “cajas rojas”, aquí un secreto hospitalario: cada servicio en un hospital tiene una mesa en el estar del personal que ha de tener una conexión con el triángulo de la Bermudas, es poner algo de comer ahí, girarse y ver como desaparece en menos de un minuto, ¡hay gente que ha llegado a perder brazos por descuidarse!; yo al ser celiaca, alérgica al huevo e intolerante a la lactosa lo llevo realmente mal con tanto chocolate, polvorón y demás cosas que abundan en navidades, éso si cada vez que aparece algo apto para mi mis compañeros me lo separan en un plato especial y nadie se lo come, es lo único que se respeta en la mesa/triángulo de las Bermudas, todo lo demás desaparece antes siquiera de terminar de posarse en la mesa, si algún día queréis deshaceros de algo ponerlo en una mesa del estar del personal en cualquier hospital y lo veréis, no importa lo que sea: nos lo comeremos, y no es que seamos unos muertos de hambre, es que la mesa ésa tiene algo especial que nos incita a comer, ¿alguna vez habéis llegado a casa después de una fiesta a las 3am y os habéis comido unos espaguetis fríos? pues es lo mismo pero sin haber salido de fiesta.

 ¿Cuál ha sido mi mejor guardia navideña?

Sin lugar a dudas, las navidades del 2001 y éso que no daba un duro por ellas, ése año me tocó cubrir tanto la guardia de nochebuena como la de nochevieja, de ésas casualidades de la vida, uno de los compañeros que cubriría la de nochevieja se enfermó el 29, yo estaba de noche y cubriría las noches pares, el 30 me dijeron que también haría las impares durante 3 noches, es decir: 30 -31- 1 dos mías y una de más, iría a un servicio que no era el mío, al que jamás había ido, con gente que no había visto en mi vida, en una noche que no era la mía, te parecerá que no, pero cuando estás de noches fijas, ir al hospital en una noche que no es la tuya es como ir a otro hospital; y ahí estaba yo en la unidad de neuro con gente que no había visto en mi vida y que me hablaban lo justo, porque iban a lo suyo, suele pasar en los grandes hospitales, no penséis que es nada personal, sobre todo en ésas noches que se intenta apresurar un poco todo para poder “rascar” ésa media hora de la que te hablé antes, en mi noche lo que hicimos fue hacer una sola piña e ir en manada a las habitaciones para hacer todo a la vez, pero esta no era mi noche así que “su noche, sus reglas“, la planta estaba dividida en 4 sectores y a mi me dejaron el final, iba más despacio que las demás porque no tenía idea de dónde estaban las cosas, el caso es que para cuando terminé con casi 20 minutos de retraso, y me dirigí al estar del personal encontré la puerta cerrada: estaban cenando y celebrando, cuando abrí la puerta me dijeron que en unos minutos terminaban y me dejaban la mesa para que cenara yo también, que mientras tanto “si no me importaba” me quedara fuera vigilando los monitores, si esto me pasara ahora con tantos años a la espalda contestaría de otra manera, pero para ésa época era una niña recién desempaquetada de los libros y volví al control, me puse a introducir los datos en las historias mientras hablaba con mi madre y mi novio por teléfono e intentaba no ponerme a llorar ahí delante de todos.

Veinte minutos después salieron todos de la sala del personal y me cedieron la mesa para mi, yo tenía ganas de todo menos de ponerme a comer sola pero tampoco me iba a quedar allí, si ellos tuvieron sus 20 minutos, yo me tomaría los míos así fuera para mandar SMS (que en ésa época ni Twitter, ni Facebook, ni internet en el móvil me salvarían de esto), no llevaba ni cinco minutos sentada cuando me empezaron a llamar a gritos, mi enfado iba in crescendo salí hecha una furia lista para explayarme todo lo que pudiera, me dijeron que me necesitaban en la garita del vigilante por no sé qué cosa, bajé renegando por lo bajito las 7 plantas que me separaban de la garita del vigilante mientras intentaba recordar el nombre del hombre al que a diario le cantaba mi número de empleado para que pudiera fichar por mi -cosas raras, en ése hospital fichabas pero lo hacía por ti un vigilante de seguridad- cuando lo veo: ahí al lado de la garita, tupper en una mano y un termo de caldo en el otro, sombrero de papá noel y nariz de Rudolf, mi novio al que había llamado minutos antes en un afán de sentirme querida, estaba ahí para llevarme cena y para asegurarse que no pasara esta noche sola, los mejores veinte minutos de la noche y sin duda uno de los gestos más bonitos que en toda mi vida alguien ha tenido para conmigo. El chico es hijo único y yo a su madre jamás le caí bien, el que hubiera dejado la fiesta familiar antes de media noche para llevarme cena y quedarse conmigo unos minutos en el hospital no aumentó por supuesto, el amor que su madre jamás me profesó, pero éso en ese momento me importaba más bien poco; con ése chico y para felicidad de su madre, lo dejamos años después pero lo llevaré siempre en mi corazón, siempre tenía para mi actos como ése, es una persona maravillosa que simplemente un día me dejó de querer, no puedo más que desearle lo mejor, sé que no me está leyendo pero muchas gracias por ése detalle, me acompañará toda la vida.

¿Éste año, qué?

Este año no tengo guardias, ni de nochebuena ni de nochevieja, este año estoy en un servicio que no hace guardias así que era imposible que me las pusieran, además se me acaba el contrato el 31 de diciembre con lo que no te las pueden poner porque a partir de la media noche estarías sin contrato, así que este año pasaré las fiestas sola en casa, y no es que no me hayan caído invitaciones, varios de mis amigos me invitan año tras año a ser parte de sus familias en fiestas, año tras año declino las invitaciones; estar sola no ha sido nunca un problema para mi, pero llámame tonta, reunirme en navidad con las familias de mis amigos me recuerda más que los míos están lejos así que prefiero estar en casa y pensar en éstas fechas como un miércoles o un lunes más; además, la medicación del pie me da un sueño que no veas así que en nochebuena caí en coma profundo sobre las 22, para despertarme a las 5:30, me conecté con casa para felicitarles las navidades y volví a la cama, lo he hablado con el rehabilitador y para nochevieja cambiaré el horario de la medicación, cenaré en casa y luego saldré con algunos amigos por ahí, que hay que celebrar o bien que me renuevan o bien que me quedo sin trabajo y tengo una oportunidad de empezar de cero, que viene un año nuevecito, una agenda vacía y una nueva oportunidad para caminar hacia la persona que quiero ser.

Lo que quiero decir es que no importa con quién pases la noche de nochebuena o la de nochevieja, lo importante es quién está contigo todo el año, yo las fiestas las suelo pasar sola, pero la vida, la vida amigo mío la paso acompañada de las mejores personas del mundo.

¡Felices fiestas, que el año que viene sea maravilloso! que calendarios, agendas y post it se llenen de besos, de alegrías, de sonrisas, que camines hacia la persona que quieres ser… y sobre todo que me lo cuentes todo para tener algo que leer en mis noches de guardia.

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Éste post es parte de la saga #PostReciclados,
el original se publicó hace dos años en mi otra web,
siguen siendo ciertas cada una de sus palabras.