¡CANAS!

Tengo el pelo negro, pero negro ¡negro!, negro en plan oscuridad absoluta, o en plan segundo después de que tu novio con el que llevabas diez años te dice que mejor lo dejan, negro como la nómina que nunca llega a ver el fin de mes o negro como la pantalla del móvil conforme se va quedando sin batería o ya puestas: como las esperanzas que tiene mi madre de llegar a hacerse abuela porque yo me decida por fin a fotocopiarme el gen, vamos lo que viene siendo: negro.

Mi pelo negro azabache siempre me ha encantado -pausa para cubrir con un tupido velo el momento de enajenación mental en la que en la veintena me pinté durante meses el pelo de castaño, madre mía que no daba trabajo ni nada éso, lo dejé por caro y porque me hacía parecer demasiado joven, pero sobre todo: por caro, vamos a sincerarnos- quitando ésa vez nunca me he decidido a teñirme porque me da miedo destrozarmelo con productos ya que la peluquera me había dicho que al tenerlo tan oscuro la única forma de cambiarle el color sería con una decoloración y yo por ahí no paso.

Ya las venía yo viendo sutilmente aparecer, un pelo clarito por allí, una luz que se reflejaba por allá, pero este finde me di cuenta de que me estaban colonizando, LAS CANAS, las canas se querían adueñar de mi cabeza, ¡habrase visto: en mi cabeza de treintañera! que poco respeto por favor, ¡que poco respeto!

El caso es que están aquí: las canas chan chan chaaaaaaaaaaaaaaaan.

whyjoey

Esta era una situación que no pretendía permitir, tengo el pelo demasiado negro y cualquier canita sobresale cual albino en Nigeria, pero como también soy casi una virgen capilar, decidí tirar de whatsapp para preguntar a mis amigas cuáles tintes eran mejores o si lo de la Henna esta funcionaba, ya me veía pintándome con edding negro las canas una a una, todo menos pasar por la decoloración, que a mi no me hace falta más que ver a Shakira para olvidarme de la decoloración, diréis lo que queráis pero a mi me gustaba más con el pelo negro y no con ése rubio que me da la sensación que es más paja que pelo, pero para gustos: los colores.

Con la caja en mano me decidí a leer dos veces el prospecto, como si de medicación se tratara, mis amigas me dijeron que era una cosa que podía hacer perfectamente en casa: les creí y me puse a ello, empecé buscando una camiseta de un ex de las que todavía tenía en casa  que no me importara manchar, y luego procedí a empapelar mi cuarto de baño -algún día os hablaré de las proporciones de mi cuarto de baño- para no mancharlo todo, porque la caja ponía que no goteaba pero yo me conozco, yo me conozco.

Todo parecía muy fácil: mezclar el bote A con el B y pasar por el pelo en pequeños mechones de 2cms, dejar actuar durante 25 minutos, lavarse el pelo con el bote C y ser feliz sin canas, todo muy fácil, si lo decía el Dr yo le creería:

drfine

-Mezclar bote B en recipiente A conseguido.

– Pasar la mezcla por el pelo en pequeños mechones de 2cms, (y de paso que te convaliden el curso de Yoga, Pilates, Taichi, Contorsionismo y todo lo que incluya pasarse el dichoso botecito por los pelos del occipital mientras intentas no manchar el espejo ni poner la mezcla en el toallero antes que en la cabeza): conseguido.

– Pasar los 25 minutos en los que tiene que actuar el producto tratando de quitarte los manchurrones de la cara, los brazos, el cuello y los azulejos del baño: conseguido.

– Sacarse el máster en contorsionismo mientras intentas quitarte la dichosa camiseta sin volverte a pintar la cara con el menjurje: medianamente conseguido.

– Meterte en la ducha para quitarte el potingue mientras ves con total desolación que se mancha la cortina blanca del baño y que el agua sale negra en plan “llevo trabajando toda la vida en un pozo petrolífero y yo sin saberlo”: super conseguido.

– Esperar casi diez minutos hasta que la dichosa agua sale medianamente “menos negra” para poderte ponerte el bote C y terminar por fin con este calvario: conseguido.

– Recogerte el pelo y tardar casi veinte minutos lavando el baño antes de que las manchas se incrusten de verdad por los azulejos, quitar la cortina y meterla a la lavadora, limpiar el lavabo, recoger los materiales, abrir las ventanas para que se vaya la peste, ver que tienes aún color negro en las orejas, untarte leche limpiadora hasta la médula, darte cuenta que las uñas las tienes más o menos igual, lavarte como para una operación de corazón abierto: vale, lo doy por conseguido.

Todo esto ha sido ayer, esta mañana al hacer la cama me he dado cuenta que hay manchitas de negro en la almohada, así que hoy pondré una toalla por si acaso.

¿Merece la pena? seguramente no, pero yo me quedo un poco más tranquila al no ver las canas asomando tan precozmente por mi cabeza, soy completamente consciente de que no es una solución definitiva, pero ya me iré acostumbrando, lo que no entiendo es por qué todas de frente ¿es que nadie les enseñó técnicas de espionaje, nadie les dijo que hay que ir primero por dónde a uno no lo vean, que si se hubieran quedado detrás hubiera pasado de ellas olímpicamente?

De una cosa si estoy “casi” segura y es de que la próxima vez que tenga que pasar por esto, buscaré una amiga que me ayude o directamente me iré a la pelu, que no merece la pena ahorrase el dinero si voy a tener que pagar en tiempo y desvaríos el no tener ni puñetera idea de “tintología capilar”.

Aún así:

beauty