De sujetadores y bodas.

suejtador

 

No me gustan las bodas, ya está lo he dicho, no me gusta que me inviten a actos sociales en los que requiera ponerme ropa de señorita, meterme en un vestidaco, ponerme si o si tacones, pasarme horas tratando de domar el pelazo y maquillarme, son cosas que me dan una pereza enorme, mis amigas se casan, me invitan, yo me alegro muchísimo por ellas, pero me alegraría más si no me invitaran.

No es por supuesto que sea una desagradecida y que quiera vivir en una cueva ni nada por el estilo, es que no me gustan las bodas, así en general, no me gustan las bodas como no me gustan los bautizos, en las bodas los novios tienen muchísimas obligaciones, tantas que a veces no les ves ni disfrutar de su propia celebración, solo los ves saludar y saludar, y en los bautizos el homenajeado ni se entera, ¿y entonces por qué sigo a yendo a ellas a sabiendas de que las detesto? pues porque mis amigas me invitan y yo quiero compartir un poco de su felicidad, que el que yo ahora mismo no quiera marido ni hijos, no hace que no me alegre cuando mis amigas encuentran hombre de su vida y traen al mundo churumbeles, lo que me gustaría es que dejaran de invitarme, ¿qué fue de las bodas intimas?

Que no, que no, que no soy un Grinch de las bodas, ni me visto como marimacho, pero os cuento lo que pienso cada vez que me invitan a una boda: ponerse tacones, buscar sujetador; dos de las cosas que más detesto en el mundo, ¡si hasta estudié una carrera que me permitiera ir en zapatillas de deporte todos los días por el amor de Dios! algún día os contaré lo de la lesión deportiva que arrastro hace casi dos años y que me ha impedido desde entonces llevar otra cosa que no sean deportivas, otro día os cuento cómo abro casi a diario el armario solo para ver los zapatos que no me puedo poner, de como los miro con tristeza y vuelvo a cerrar la puerta despacio antes de ponerme a llorar a mares, algún día me veréis con zapatos de señorita, por lo pronto, según mi traumatóloga: durante por lo menos unos seis meses más, lo de los zapatos no es negociable.

Pero esta historia, no va de zapatos, va de sujetadores, de sujetadores que no logro conseguir: otra cosa que no me gusta es la ropa interior blanca, si hija si, especialita que es una, el caso es que no tengo absolutamente nada en blanco, pues bien, a sabiendas de éso para la boda de una amiga que se celebró en el verano, me decidí como no, a usar un vestido que requería un sujetador blanco,  pensé que tampoco pasaba nada, si tengo un montón de sujetadores de colores, encontrar uno blanco iba a ser pan comido, en mi ideario rezaban frases como: eso es sólo cuestión de ir a una corsetería y pillarme el primero en el que me entrara, después de todo hasta las señoras mayores llevan sujetadores blancos: craso error, durante quince, si QUINCE DÍAS, estuve probándome sujetadores hasta el hastío, encontraba mi talla -que eso ya es de agradecer- pero no encontraba la copa, o todos copas A y B o directamente F, G, H, vamos que para tetichiquitas y teticamión, ¿y el resto qué? yo llevo una D y no hubo manera, fui al Corte Inglés que siempre me ha salvado de buscar y nada, que allí todos pequeños, fui al Women Secret más que nada a saludar a la dependienta, porque ahí ni talla ni nada, fui a Corseterías de barrio, a grandes almacenes, a tiendas de tallas grandes, y hasta a un sex shop al que voy a veces y que siempre tienen talla, pues NADA, resulta que en las Corseterías que si hay talla y copa, suelen ser sujetadores tipo señora mayor, pero claro es que los de señora mayor no tienen sujeción están ahí como puestas por el Espíritu Santo para que sea él quien las sujete y pues yo casi que necesito algo más que me las ponga en su sitio, porque vamos el concepto “sujetador” debería como menos: sujetar.

Durante los dichosos quince días que estuve buscando sujetador blanco me compré tres de diferentes colores, al final exhausta decidí pedirle a una amiga un vestido prestado y ponerme uno de los sujetadores que había comprado y que me quedaba fenomenal, quince días de mi vida perdidos que jamás recuperaré y ¿para qué? para ir a la iglesia monísima, ver a mi amiga durante menos de una hora, subirme a un taxi y volver a casa para por la noche tener que llamar al fisio de urgencia porque no me cabían los pies ni en las deportivas, haber retrasado -en palabras de la traumatóloga- “tranquilamente un mes” la recuperación de mi lesión y ni siquiera haber disfrutado la boda como debería ser, mi amiga vale con creces el sufrimiento que me acarreó ponerme zapatos para su boda, pero amigas mías que faltáis por casaros: o aceptáis que a vuestras bodas y a los bautizos de vuestros churumbis voy a ir en un zapato que me pueda poner sin tener que pasar después por urgencias, o directamente dejar de invitarme a los bodorrios, yo os lo agradezco y me alegro por vosotras, pero en palabras de Lola Flores.

simequereis