No quiero tener hijos.

dink

Cuatro palabras que yo pronuncio con facilidad pero que a la gente le cuesta horrores escuchar.

Como treintañera en edad de procrear escucho constantemente el reclamo de amigos y familiares acerca de la fecha en la que por fin me voy a decidir a fotocopiarme el genoma, yo les insisto que no, que no quiero, ellos por su parte me miran con cara de superioridad mientras me dicen por lo bajito dándome palmaditas en la mano: “bueno, ya entrarás en razón, éso dices ahora pero ya se te despertará el reloj y entonces ya me contarás”, treinta y cinco años llevo esperando a que se me despierte el reloj.

Los niños me gustan: los niños ajenos, adoro a mis primos, a los hijos de mis amigas, los cuidaría a diario si pudiera, soy feliz de verlos crecer, me encanta ver como una personita descubre el mundo y me gusta ser una guía turística de cada niño que me presentan, aún así no quiero tenerlos, no es como me han dicho: miedo, egoísmo, cobardía, comodidad, inmadurez, arroz pasado, es honestidad, ¿egoísmo? egoísmo es tener un hijo porque toca.

Yo, llegado el hipotético momento quisiera tener hijos deseados no sólo bienvenidos, quisiera hijos porque los quiero tener, estar en “búsqueda y captura de críos” no en “ven que atajo este penalti”, no me preocupa lo más mínimo envejecer sola, quiero creer que soy más que la posibilidad de procrear, me niego a verme como a una incubadora genética, no es por tener más dinero ni espacio para tener más cosas, no es siquiera por mi eterno amor a dormir hasta tarde los domingos y a no variar la comida hasta que no se acaba todo lo que he guisado, no es la pereza infinita que me dan los diminutivos y la involución que veo en mis amigas cuando se quedan embarazadas o hablan con niños pequeños como si el niño en cuestión no fuera solo pequeño sino también gilipollas, no es, y mira que lo odio: escuchar a mis amigos llamarse mamá y papá aún en ausencia del crío, NO, es que simplemente no quiero.

Ayer tuve cita con la ginecóloga, tenía cita para ecografía y consulta, las dos con una hora de diferencia, he llegado pronto, sacado el ticket y me he sentado en la sala de espera; las salas de espera del ginecología son con diferencia las que menos me gustan, ni siquiera las del endocrino con toda su mala leche y sus mismas palabras que me repite cada vez me cabrean tanto como la sala de espera de ginecología. Llegas ticket en mano y buscas una silla vacía, a ser posible atrás, en las esquinas y desde donde puedas ver la pantalla que dará el número mágico que te sacará tarde o temprano de allí; cuando voy al gine procuro llevar todo lo necesario para ser lo más invisible posible, casi nunca lo logro, en la consulta del gine al parecer todas tenemos que ser super amigas y vomitar arcoiris de colores mientras vamos hablando en semanas, porque claro no hay distinción: ahí están las embarazadísimas junto a las menopáusicas, las vírgenes, las putas, las que han tenido mil hijos y las que han tenido mil abortos, las que se embarazaron porque se les rompió un preservativo y las que rompen los preservativos con la esperanza de quedarse embarazadas, ahí estamos todas en una misma mezcolanza, yo cada vez que voy me digo: a que alguna se arranca y empieza un flashmob de barrigas en cualquier momento, sigo esperando pero no pierdo la fe, algún día alguna se arrancará y yo subiré el vídeo a Youtube, esperaré porque se que ya pasará.

Otra cosa que odio de las salas de espera del gine es que parece que es pecado ir sola, hay que llevar siempre a alguien, como si fuera imposible para una sola persona subirse a una camilla, poner los pies en unos estribos y recordar la fecha de tu última regla, al ginecólogo hay que ir acompañada: yo voy sola y para más inri voy varias veces al año, tengo una patología ginecológica que me somete cada pocos meses a revisiones, así que cada pocos meses alguna me pregunta que de cuánto estoy, me gustaría contestarle: de 180 pizzas en la última década, pero como en el fondo sé que no lo hacen a mal les digo que no estoy embarazada y vuelvo rápido al libro y a los auriculares sin darles apenas tiempo a que me den una palmadita mientras me repiten que no me preocupe que ya vendrán los hijos y descubriré lo maravilloso que es ser mujer, me pregunto: qué he estado siendo estos últimos 35 años, ¿ruiseñor? a veces no soy lo suficientemente rápida y ahí están: me sueltan el discurso esperanzador pro-churumbeles que al parecer viene con la primera menstruación y del que a mi nunca me dieron una copia, lo repiten muy rápido y siempre dan los mismos argumentos, yo las escucho y las dejo ser a ver si así logro que se callen antes y que la pantalla me devuelva pronto el número que tengo cogido con tanta fuerza que ya lo tengo tatuado en la palma de la mano.

Logré salir de la sala atravesando conversaciones de pañales, episiotomías, colores de habitación, cunas y rutas de medianoche al hospital, dirigirme a la consulta, subirme yo solita a la camilla, poner los pies en los estribos y dejar que me hicieran la ecografía de este trimestre: las cosas no están saliendo como se esperaba, mi problema no solo no remite sino que se hace más grande, así que nuevamente he solicitado una ooferectomía bilateral voluntaria y llegado el caso una histerectomía, estoy completamente convencida de que yo no soy un útero y un par de ovarios, mi ginecóloga no lo tiene tan claro.

Los hijos que no tengo y que no quiero tener, me están jodiendo la vida.

Llevo años suplicando por una extirpación de mis órganos reproductivos, mis memorias de adolescencia pasan todas por consultas de ginecología, con mi primera regla a los 11 años empezó el infierno del que 24 años después no logro salir, en su momento me dijeron que era muy joven, que había opciones, que no desesperara, al final lo pruebas porque bueno, no te vas a dar por vencida siendo tan pequeña y ahí estaba yo a mis 11 años con mis pastillas anticonceptivas, yo, que perdí la virginidad a los 20 empecé a medicarme con 11, cuando llegué a la veintena y ya con varias intervenciones ginecológicas encima volví a insistir en la extirpación, me volvieron a sacar la carta de la maternidad, una maternidad que no quiero, una maternidad que no me aseguran, una maternidad “sanadora” me veo y me comparo con los niños medicamento que los padres desesperados tienen con la esperanza de tener células de cordón para salvar a su hijo mayor enfermo, me han dicho tantas veces que tener un hijo me curaría de todo, como si embarazarse fuera hacerse un “ctrl+alt+supr” orgánico, a veces escucho a los ginecólogos y los veo como informáticos en plan: pues reinicia a ver si funciona.

A los 26 decidieron retirarme la regla con la vaga esperanza de mejorarme… ¿ya os he dicho que sigo yendo al gine cada tres meses? he ahorrado en tampax éso si, pero poco más, cuando me retiraron la regla volví a sacar la carta de la extirpación, ellos volvieron a contraatacar con la maternidad, con mis hijos no natos que me cambiarán la vida, así que vuelta a hincharme a medicación, a probar cuanta cosa se les ocurría, otra vez a la casilla de salida; el día en que cumplí los treinta volví a soñar con una vida sin dolor, sin ginecólogos cada tres meses, sin llamadas a mi abuela en las que me pregunten que cuándo voy a tener hijos o que cuándo voy al gine, porque es una cosa o la otra, me dijeron que con 32 podríamos plantearnos medidas más drásticas, los 32 llegaron y se fueron, con cada año que sube el ratio en el que las mujeres tienen su primer hijo a mi me suben la edad para poder decidir acerca de MI CUERPO, los ginecólogos que visito no paran de decirme que ya mejoraré, pero es que en 24 años no he mejorado ¿qué hace falta para que me escuchen, cuántas noches más en urgencias necesito, cuántas veces más voy a tener que faltar al trabajo, a cenas con amigos, cuántos momentos de mi vida más me tengo que perder por estar tumbada retorciéndome del dolor, cuánto sufrimiento vale un útero? quiero saberlo más que nada para tener claro cuánto me falta para terminar de pagar la multa por no querer fotocopiarme el gen.

Que por otro lado: ¿para qué quieren que me lo fotocopie, quién en su sano juicio quisiera que una hija suya pasara por lo que yo llevo pasando años y años? puede que sea egoísta pero no me voy a arriesgar a tener una copia mía por ahí con mis rizos, mi lunar en la cara y mis visitas al gine cada tres meses, esto no es vida para mi, ¿por qué la querría para alguien? éso si que sería egoísmo y no lo que me dicen las que insisten en que no seré mujer hasta que no expulse un ser humano por la vagina, si ser mujer se mide en visitas al ginecólogo yo soy más mujer que las que han parido diez hijos.

La ginecóloga de ayer me sacó más de mis casillas que cualquiera de los cientos de ginecólogos que he visitado en éstos 24 años, me ha dicho textualmente: “el dolor no será tanto, ni caso, que no se puede ser tan drástico, además las mujeres tenemos el don de dar vida y no deberíamos rechazarlo”, tócate los pies, una ginecóloga pro-vida me salió, pero es que yo no quiero matar un churumbel que tenga dentro, yo no quiero interrumpir un embarazo, lo que quiero es que mi útero vacío deje de sufrir, y si es pro-vida ¿mi vida no vale tanto como las de mis hijos no-natos, tengo que seguir viviendo así porque puede que en un futuro la fotocopiadora genética que tengo dentro se activará y me entrarán unas ganas frenéticas de procrear?

Por lo pronto hoy he estado haciendo gestiones para conseguir que me vea otro ginecólogo y bien, me de opciones viables que incluyan conservar mis órganos intactos, o que corte por lo sano, pero por otro lado voy a abrir una cuenta de ahorros, le doy un año más de mi vida, una última oportunidad antes de pagarme por la privada lo que la Seguridad Social insiste en negarme, lo que es una pena es que en las épocas que corren no tengas derecho sobre ti misma, así como triste es tener que justificar una forma de ver la vida, tan valiosa es una persona que decide procrear y sacar adelante un hijo, como las que decidimos no tenerlos, yo no escojo por ellas, nadie debería escoger por mi.

Ilustración de Joan Turu.

Ilustración de Joan Turu.

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4 thoughts on “No quiero tener hijos.

  1. La rubia says:

    Me parece vergonzoso que en una sociedad tan “moderna y avanzada” te estén haciendo esto. Que a una mujer sin tus problemas no le dejen hacerlo no me alarmaría tanto, porque tal como le ocurrió a mi tía, quizá a los 41 le entre el “¿y si…?” y quiera tener un hijo. Pero tú, que llevas más de media vida sufriendo… Me parece muy fuerte que te dejen así.

    • AngelicaPicols says:

      Me imagino que querrán “curarse en salud” aunque para ello tengan que llevarse la mía por delante, como si la única manera de ser madre fuera parir tu misma.

  2. Irene says:

    Soy maestra infantil y sé lo que llega a demandar un hijo. Cuando leo a alguien diciendo que no quiere tenerlos no me queda más que aplaudirle por su decisión, con la que se enfrenta a una sociedad que tiene descendencia más por tradición y miedo a quedarse solos de ancianos que por otra cosa.
    Así tenemos los niños que tenemos, así vienen muchos problemas de adolescentes. Como si tener un hijo fuese como tener un tamagochi…
    Ole por ti y mucha suerte con tus problemas ginecológicos.

    • AngelicaPicols says:

      Hola Irene, gracias por tu comentario.

      Como bien dices, tener un hijo no es el equivalente premium de tener un tamagotchi, creo que si la gente los tuviera más por elección que por tradición las cosas serían diferentes y mira por dónde: ésos niños podrían tener mejores infancias, el asunto de la natalidad es bastante peliagudo, pero por lo menos yo me reafirmo: no obligo a nadie a tener hijos, nadie debería obligarme a mi.

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