Lugares que el amor me robó.

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“Y de hecho habrá tiempo, para la niebla amarilla que vaga por las calles rascándose el lomo contra las ventanas, habrá tiempo, habrá tiempo de que un rostro se prepare para enfrentar todos los rostros que enfrentamos. Habrá tiempo para matar, para crear, y tiempo para todas las obras y todos los días de estas manos, que levantan y te sueltan preguntas en tu plato. Tiempo para ti y tiempo para mi, y tiempo suficiente para cien indecisiones y  para cien visiones y revisiones, antes de la hora de una tostada con te”. 

Canción de amor – J. Alfred Prufrock (extracto)

 

Habrá tiempo para todo, pero yo sigo sin encontrar el tiempo para recobrar todo aquello que el amor me robo, tengo vacíos mentales, vacíos físicos, vacíos emocionales, hay barrios, bares, parques, libros, películas, canciones, ciudades, personas, cientos de cosas que el amor me robó y que me veo incapaz de reclamar, cientos de cosas que tengo tan asociadas a “el amor” que me duelen recordar aunque sean recuerdos felices, quizás más porque son recuerdos felices, así que voy por mi vida dando rodeos: físicos y mentales, hay supermercados por los que ya no paso, calles que ya no recorro, canciones que ya no canto, no las revivo porque eran suyas, eran del amor, no de una persona o de un tiempo en especial: eran del amor, del amor que me profesaron, del que yo grité al viento mientras sujetaba una mano que a su vez me sujetaba.

Hay sitios que siempre he querido recorrer, que no tienen la impronta de nadie a quien llamé “amor” pero que aún así no recorro, hay sobre todo bares, bares en los que nunca he saciado mi sed, bares que puede hasta sean pésimos y solo pongan cerveza con kikos, que pongan música de pachanga y en los que los servicios dejen bastante que desear, nunca lo sabré porque me da miedo ir. Soy tonta lo sé, me miro al espejo y me reconozco tonta, pero sigo sin sacar fuerzas para reconocerme de otra forma.

Habrá tiempo dice Prufrock, y en honor a ese tiempo que vendrá he intentado arañarle a la vida los retazos que me robó, he ido a bares, he visto películas, hasta me he atrevido con alguna canción. Todo ha salido mal, he sentido el viento golpeándome en la cara en forma de calles, me he retorcido con un dolor que me había negado a sentir, así que he hecho lo fácil y dando marcha atrás he ido cerrando vasos y creando pequeñas isquemias con la vaga ilusión de que cicatricen y dejen de doler, el problema es que todo lo que cura en falso al final se reabre y arrastra consigo tejido sano, así que aquí estoy con mi piel nueva, incolora y frágil, piel sin curtir; tengo miedo, un miedo horrible me recorre, me detiene y me grita que “no pasa nada si no pasa nada“, sé que lleva mucho tiempo no pasándome nada.

Hay algo que hago todos los días sin excepción cuando me subo al autobús camino de casa, no había sido tan consciente de ello hasta hace poco, me subo, paso el abono y acto seguido miro atrás, no busco a nadie, o quizás si, pero el caso es que miro atrás a la fila de gente que espera subirse en ése mismo autobús, los miro esperar mientras yo espero en mi asiento, no sé qué será la soledad pero para mi es subirme al autobús mientras miro la fila de gente en la parada, no porque me de miedo a que el autobús se vaya sin mi, después de todo yo ya estoy subida, es por un temor horrible a ver que la que se va soy yo, que me voy incompleta, sin mis barrios, bares, parques, libros, películas, canciones,ciudades y personas, me voy sólo yo.

Viajar sola no es malo, lo malo es huir de tu vida con la excusa de que viajas, como necesito curtir mi piel llevo unos meses recorriendo los sitios que no tienen impronta para así con un poco de suerte ir dejando en ellos la mía, voy dando pasos de bebé, me caigo y me levanto, no hay manos que me sujeten ni besos en las rodillas, pero me levanto una y otra vez porque me niego a que el miedo me gobierne, me niego a ser un espectador en mi propia vida, me niego a no reconocerme,  a vivir con un “y si…”

*Si este post fuera una canción, sin duda sería ésta.

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