De llantos y aprendizajes.

“¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida,

cómo seguir adelante cuando en tu corazón empiezas a entender que no hay regreso posible

que hay cosas que el tiempo no puede enmendar,

aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz?”

Frodo Bolson- Extracto “El Señor de los Anillos”.

Estuve durante años en una relación destructiva, tarde varios meses en darme cuenta pero cuando abrí los ojos me fue imposible continuar. Si: yo fui “la amiga de una amiga” de la que siempre se habla cuando no queremos hablar demasiado, ésa amiga que todos conocemos pero que nadie se atreve a pronunciar su nombre tres veces no vaya a ser que el sufrimiento sea contagioso o que se invoque como a un Beetlejuice de la tristeza, yo estuve en una relación destructiva. Leía hoy un ¿artículo? acerca de que las mujeres nos perpetuamos en relaciones destructivas porque preferimos el placer momentáneo que nos suponen sus pequeños instantess y no vemos el riesgo que corremos, que nos matan porque queremos, porque somos incapaces de ver más allá de nuestras necesidades fisiológicas y seguimos aguantando hasta que nos matan, que es todo culpa nuestra y no sé cuántas tonterías más ¡tócate los pies! mira, es que ni lo enlazo porque no se va a llevar ni una visita de mi parte.

No todas las relaciones destructivas implican violencia física, la mía no la tuvo y fue quizás el motivo por el que tardé años en darme cuenta de que estaba en una, a mi jamás me han pegado y aún así he tenido herida el alma, años después sigo intentando cicatrizar una herida que se reabre por momentos, durante años estuve en una relación en la que me perdí, en la que se me anuló como persona y en la que vivía para ser la pareja de otro, perdí mis gustos, mis aficiones, algunos amigos, me hice pequeñita para que otro pudiera sentirse grande, puse en pausa mi vida para que otro no se sintiera mal con mis logros, dejé de preocuparme por mi misma, dejé de nadar, de estudiar, de salir a pasear, olvidé el teatro clásico porque a mi pareja le parecía una chorrada pagar por ver actores en vivo, dejé de ir a museos porque “¿qué sentido tiene estar minutos delante de un cuadro?, dejé los conciertos porque “un dineral cuando sale más barato el cd”, dejé los libros porque “qué pereza cuando en la tele dan la que se avecina”, dejé el cine en versión original, las películas que me gustaban, dejé el cine en si mismo porque “no voy a pagar por algo que puedo ver en casa y mucho menos en otro idioma”, dejé mi búsqueda de crecimiento personal porque desparecí de mi y ya no merecía la pena buscar nada, me era tan desconocida que de haberme mirado en el espejo me habría hablado de usted.

Hay cosas que nos pueden pasar a cualquiera, las relaciones de abuso son una de ellas, es increíble pero hay gente, yo incluida,  que no se da cuenta de que está en una hasta que ya es demasiado tarde, me veo a mí misma con el prisma del ayer y me descubro enumerando todas las frases y comportamientos que me hubieran alarmado en mis amigas, y que no supe ver conmigo como protagonista, no me di cuenta cuando me cercaron, no me di cuenta cuando me rendí.

¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida? 

Yo lo hice el día en que volví al cine, la película fue “The Martian” pero bien podría haber sido cualquier otra, recuerdo despertarme un día con la necesidad imperante de dejar de hundirme en mi propia mísera…fui al cine, jamás podré olvidar la sensación, era como abrazar a un viejo amigo al que habías perdido la pista pero en el que jamás habías dejado de pensar, recuerdo llorar de alegría porque empezaba de nuevo a ser aquella que creía haber perdido, a partir de ése día cambié mis ríos de tristeza por lloviznas de felicidad, a partir de ése día volví a ser feliz, the martian fue sólo la primera puerta que se abría, que la película mostrara las aventuras de un hombre que se negó a dejarse vencer aún cuando estaba completamente solo al ser literalmente el único habitante del planeta era sólo un hermosa analogía, yo por supuesto jamás he estado sola, pero una relación así te hace reconsiderartelo, puedes estar muy solo rodeado de infinidad de personas, a partir de ése día cambié comportamientos negativos que había estado perpetuando por pura costumbre, dejé de callarme todo lo que pienso, de pedir permiso para ser feliz. Después de ése día he llorado y ¡vaya si he llorado! por supuesto he tenido otras relaciones que aunque también terminaron no me hirieron, he vuelto como no a llorar de desamor, pero jamás he vuelto a llorar de desesperanza.

El tiempo no lo cura todo, es evidente puesto que a día de hoy estoy escribiendo ésto, lo que si me ha dado el tiempo es la perspectiva y el aprendizaje que me permitirá jamás volver a cometer ese mismo error, hace años que solo cometo errores nuevecitos -que esos también merecen la pena- lo que me ha dado el tiempo ha sido el valor de sacudirme mis temores, mis prejuicios y seguir adelante, lo que me ha dejado el tiempo es una herida que aunque ha sanado del todo vuelve a doler con los cambios bruscos de temperatura.

Hoy hace frío y me duelo, por fin han llegado las lluvias y con ellas un otoño que parecía no querer venir, hoy he llorado porque llovía y he imaginado la lluvia apagando incendios no metafóricos, hoy he sido feliz porque llovía, y mientras caminaba bajo la lluvia susurraba por lo bajito: “A mí, que no me quiten lo llorado”.

Lugares que el amor me robó.

Fotograma Being EricaFotograma Being Erica

“Y de hecho habrá tiempo, para la niebla amarilla que vaga por las calles rascándose el lomo contra las ventanas, habrá tiempo, habrá tiempo de que un rostro se prepare para enfrentar todos los rostros que enfrentamos. Habrá tiempo para matar, para crear, y tiempo para todas las obras y todos los días de estas manos, que levantan y te sueltan preguntas en tu plato. Tiempo para ti y tiempo para mi, y tiempo suficiente para cien indecisiones y  para cien visiones y revisiones, antes de la hora de una tostada con te”. 

Canción de amor – J. Alfred Prufrock (extracto)

 

Habrá tiempo para todo, pero yo sigo sin encontrar el tiempo para recobrar todo aquello que el amor me robo, tengo vacíos mentales, vacíos físicos, vacíos emocionales, hay barrios, bares, parques, libros, películas, canciones, ciudades, personas, cientos de cosas que el amor me robó y que me veo incapaz de reclamar, cientos de cosas que tengo tan asociadas a “el amor” que me duelen recordar aunque sean recuerdos felices, quizás más porque son recuerdos felices, así que voy por mi vida dando rodeos: físicos y mentales, hay supermercados por los que ya no paso, calles que ya no recorro, canciones que ya no canto, no las revivo porque eran suyas, eran del amor, no de una persona o de un tiempo en especial: eran del amor, del amor que me profesaron, del que yo grité al viento mientras sujetaba una mano que a su vez me sujetaba.

Hay sitios que siempre he querido recorrer, que no tienen la impronta de nadie a quien llamé “amor” pero que aún así no recorro, hay sobre todo bares, bares en los que nunca he saciado mi sed, bares que puede hasta sean pésimos y solo pongan cerveza con kikos, que pongan música de pachanga y en los que los servicios dejen bastante que desear, nunca lo sabré porque me da miedo ir. Soy tonta lo sé, me miro al espejo y me reconozco tonta, pero sigo sin sacar fuerzas para reconocerme de otra forma.

Habrá tiempo dice Prufrock, y en honor a ese tiempo que vendrá he intentado arañarle a la vida los retazos que me robó, he ido a bares, he visto películas, hasta me he atrevido con alguna canción. Todo ha salido mal, he sentido el viento golpeándome en la cara en forma de calles, me he retorcido con un dolor que me había negado a sentir, así que he hecho lo fácil y dando marcha atrás he ido cerrando vasos y creando pequeñas isquemias con la vaga ilusión de que cicatricen y dejen de doler, el problema es que todo lo que cura en falso al final se reabre y arrastra consigo tejido sano, así que aquí estoy con mi piel nueva, incolora y frágil, piel sin curtir; tengo miedo, un miedo horrible me recorre, me detiene y me grita que “no pasa nada si no pasa nada“, sé que lleva mucho tiempo no pasándome nada.

Hay algo que hago todos los días sin excepción cuando me subo al autobús camino de casa, no había sido tan consciente de ello hasta hace poco, me subo, paso el abono y acto seguido miro atrás, no busco a nadie, o quizás si, pero el caso es que miro atrás a la fila de gente que espera subirse en ése mismo autobús, los miro esperar mientras yo espero en mi asiento, no sé qué será la soledad pero para mi es subirme al autobús mientras miro la fila de gente en la parada, no porque me de miedo a que el autobús se vaya sin mi, después de todo yo ya estoy subida, es por un temor horrible a ver que la que se va soy yo, que me voy incompleta, sin mis barrios, bares, parques, libros, películas, canciones,ciudades y personas, me voy sólo yo.

Viajar sola no es malo, lo malo es huir de tu vida con la excusa de que viajas, como necesito curtir mi piel llevo unos meses recorriendo los sitios que no tienen impronta para así con un poco de suerte ir dejando en ellos la mía, voy dando pasos de bebé, me caigo y me levanto, no hay manos que me sujeten ni besos en las rodillas, pero me levanto una y otra vez porque me niego a que el miedo me gobierne, me niego a ser un espectador en mi propia vida, me niego a no reconocerme,  a vivir con un “y si…”

*Si este post fuera una canción, sin duda sería ésta.

Ni matemáticas, ni amor.

 

a_beautiful_mind_5

Hace muchos años, cuando estaba en la Facultad, salí brevemente con un chico que se enfadaba muchísimo porque, y creo que fue un detonante importante para que esa relación nunca prosperara: yo no volvía la vista atrás cuando nos despedíamos, le daba un abrazo, -que siempre he creído más honestos que los besos-, el me daba un beso dementor en un intento de quitarme hasta el último recuerdo de besos pasados, yo por mi parte: lo soltaba de la mano, me daba la vuelta y me alejaba sin mirar atrás. Es algo que siempre he hecho, jamás me ha parecido mal, este chico lo odiaba.

Soy de las que se despide y ya, dice adiós y ya está hecho, no le encuentro el sentido de volver la vista atrás, si como dirían en mi casa “adelante es para allá”, me imagino que la idea romántica de la doncella que despide a su príncipe con una lánguida mirada, que se pasea y vuelve atrás para asegurarse de que es cierto o para echar un último vistazo a su gran amor, es parte del imaginario, del inconsciente colectivo, de una ensoñación aceptada como el más grande de los axiomas.

De un tiempo para acá veo el amor como una tautología, una repetición incesante de los mismos argumentos, las mismas proposiciones que no sabemos demostrar si son válidas o no. Para demostrar proposiciones hay que aprenderse las tablas de verdad, algo que yo nunca he podido, para empezar hay que definir momentos como premisas, cosa ya de por si complicada, ¿cuál momento escoger, sobre qué base unos momentos valen más que los otros? como escoger la premisa define toda la proposición, elegimos entre el momento en que nos conocemos, el primer beso, la primera de las mariposas en el estómago, la primera discusión, la primera vez que nos planteamos abandonar pero que aún así seguimos, el día que conocimos a sus amigos o el día en que fuimos más conscientes que nunca de que jamás nos los han presentado, hay mucho de donde escoger, demasiado para mi gusto.

Para no ir más lejos, yo, que soy básicamente nula en estadística no sabría bien cuáles momentos escoger como premisas y es por éso seguramente que la mayoría de mis relaciones dan resultados matemáticamente válidos aunque estuvieran plagados de premisas negativas; de las pocas cosas que recuerdo de matemáticas era que menos por menos da más y es quizás por eso que me perpetúo en relaciones que no me aportan nada, que son como los besos dementores que me daba este chico que os cuento y que pretenden en dos momentos buenos borrar miles de malos, es como querer calentarse comiéndose un helado a -5 grados ¿no era que menos y menos daba más, entonces por qué narices yo me sigo helando?
Este año he decidido aprender estadística así sea de manera autodidacta, estadística de la de verdad, la de números y tablas, he pensado y si logro por fin comprenderlo puede que logre entender todo lo demás, es una manera de probar la teoría que nos repetía incesantemente mi profesor, aquello de que “la estadística es como la vida”, así que como buena autodidacta me he sumergido en decenas de vídeos de YouTube (no hay nada que no esté explicado en un vídeo de YouTube) si logro enterarme de algo, y encontrar premisas nuevas que definan una relación os lo cuento, me temo éso si, que una parte importante sería dejar de estar cerrada al amor.

¿Vosotros sois de estadística?, ¿se os da bien?, ¿me explicáis un poco de qué va?

Te quiero.

No sé decir “te quiero”, no es que no me enseñaran o que no me quisieran, es que yo nunca aprendí. Te quiero, ¡TE QUIERO!,  ocho letras que no sé pronunciar, me cuestan horrores, no las suelto nunca, no lo sé, no puedo, lo intento pero no puedo, simplemente no me salen, se me atragantan y se me hacen bola, a veces las voy soltando por ahí para que no me hagan metástasis, las voy soltando a la gente que no quiero, las suelto para no sentirlas en mi garganta, para poder hablar sin que me pese la boca, las suelto para poder respirar.

Te quiero, que difícil se me hace; por el contrario querer no me cuesta, querer es fácil: lo difícil es decirlo, “te quiero”, no, no puedo, devolverme los te quiero que me habréis escuchado en frases triviales que nada tenían que ver, los necesito de nuevo, los necesito porque los he soltado por ahí como quien suelta un panfleto que le entregan por la calle, los necesito porque me da miedo tener un número finito de te quieros, los necesito porque no sé fabricarlos, los necesito porque los he soltado sin razón, a gente que nunca he querido, los he soltado por ahí y estarán abandonados, o puede que no, puede que los que solté en los parques por fin estén floreciendo y sean los te quiero de otra que no tiene miedo a usarlos, ¡pero son míos y no son intercambiables, devolvérmelos!, o bueno: quedároslos, quizás vosotros les deis el uso que yo nunca pude.

Hoy venía hacia casa y un hombre me asustó en el metro, me asustó tanto que me bajé a esperar el siguiente para no seguir sentada a su lado, llamarle destino o como queráis pero en el andén he coincidido con alguien a quien quise, alguien a quien no veía hace un tiempo, alguien a quien nunca le dije que le quería…hoy tampoco. Le sonreí cordial, le hablé de mi día, de mi horrible jornada de trabajo, le escuché resumirme meses en los siete minutos que tardó en venir el siguiente tren, quise decirle: si te quise, de verdad que si te quise, ya no, pero lo hice, lo que me salió fue un: “tenemos que quedar algún día para un café”, ahora tengo pendiente un café y además un te quiero, no haré ninguna de las dos cosas: no bebo café, no digo te quiero.