Jamás te acostumbras.

Hoy te iba a hablar de otra cosa, te iba a contar una teoría que me he inventado acerca de los lunes, que yo soy muy de inventarme teorías, te iba a contar una chorrada como una casa que en éso también soy muy experta, pero no, hoy te voy a contar una cosa que me pasó ayer y que no he podido sacarme de la cabeza.

Como ya te he contado en algunas ocasiones, trabajo en un hospital desde hace ya la friolera de 18 años, aún recuerdo mi primera guardia en las urgencias de una clínica privada y de un médico en particular que me preguntó en mi primer día si yo ya había puesto sondas y cogido vías y como acto seguido me picoteó para que yo “asumiera” que al paciente le dolía cada intento mío por canalizar una vena. En ésa clínica trabajé dos años, ése médico se convirtió en uno de mis amigos y después, cosas del destino, en mi profesor cuando inicié mi segunda carrera, ¿pero ves como desvarío? yo no te iba a contar lo de 1997, yo te iba a contar lo de ayer, que lo tengo metido en el alma y necesito contártelo para que sepas como me siento después de 18 años de profesión.

Llevo un tiempo trabajando en ése Hospital en concreto, a pesar de llevar tiempo allí, aún conservo la capacidad de perderme por sus pasillos, un don que tengo, es no coger el camino de siempre y encontrarme en salas que nunca había visto, muchísimas veces he optado por volver a salir a la calle para ubicarme porque yo me aprendí un caminito con dos o tres variantes y no hay quien me haga cambiar de ruta, vuelta la burra al trig, a la cebad AL MAÍZ, AL MAÍZ QUE SOY CELIACA.

Trabajo en el turno de mañana, trabajo con adultos, hace cosa de cinco o seis años que no planto un pie en las salas de pediatría, pero a como a mi los niños me gustan (los ajenos sobre todo, que como soy super coherente no quiero hijos propios, aunque me encanta tratar con niños) y como mi hospital es tan enorme que no he logrado conseguir que me asignen una taquilla en adultos,  a pesar de llevar cosa de un año yendo religiosamente dos veces por semana a rogar en personal que me cambien de vestuario (o que me sellen la credencial del peregrino, ya puestos) porque tengo que ir con 20 minutos de antelación para atravesar el hospital hasta mi vestuario, cambiarme y volver a atravesarlo para llegar a mi sitio de trabajo, 20 minutos por la mañana, 20 por la tarde -que bien podrían ser 15 o hasta 10 cada vez, pero yo camino con la premura que el pie me permite-.

Bien, que como puedes ver, lo de divagar se me da fenomenal; así que todos los días salgo de los vestuarios y para llegar a mi chiringo, tengo dos opciones: o bien hago el paseillo por diagnósticos (inmunología, genética, radioterapia, medicina nuclear, unos vestuarios -que están más cerca pero que no me asignan- esterilización, otorrino, trauma, otros vestuarios -que también miro con ansias- endocrino y mi chiringo) o puedo hacer la ruta por pediatría (las consultas de cardio, oftalmo, el pasillo de la uci pediátrica, admisiones, neumo, la cristalera, la rea, alergias, derma y mi chiringo) en distancia es más o menos lo mismo, pero casi la totalidad de las veces me decanto por la ruta que atraviesa pediatría que tiene dibujitos molones en casi todas las paredes.

Ayer escogí como casi siempre la ruta por pediatría, iba pasando por el pasillo de la uci pediátrica -que tiene unas ventanas que aunque no permiten ver hacia dentro, dejan intuir figuras- cuando lo escuché, había un ruido que no encajaba con la hora, con la espera de los últimos minutos que preceden al cambio de guardia, con el sonido ambiente que dan los respiradores, los monitores, las bombas de alimentación, con los ruidos normales de una uci, ahí en el fondo se escuchaba, cuando llevas tanto tiempo trabajando en Sanidad los reconoces, reconoces los sonidos, las urgencias ocultas en timbres de voz que quieren parecer normales, la angustia que se esconde en un “carga” una palabra, cinco sencillas letras que lo cambian todo.

Escuché el “carga” del otro lado del pasillo y me detuve, sabia que no podía hacer nada, pero me detuve, quizás por inercia, porque llevaba un par de años sin escuchar uno, porque quería enviar mis fuerzas desde el otro lado del pasillo, porque quería respirar despacio y con calma por aquellos que sabía que del otro lado tenían el pulso acelerado, porque quería ser sus pulmones, su corazón, su cerebro, por lo que sea no lo sé, pero me detuve, me quedé en silencio luchando una batalla que empecé a batallar en 1997 y que espero batallar toda mi vida, me quedé en silencio y me detuve, poco menos de dos minutos después, ellos también se detuvieron, el ruido cambió y lo supe, nadie decía nada pero yo lo sabía, habíamos perdido, y si, digo habíamos, todos nosotros, porque cada paciente es de todos, porque quieres salvarlos a todos, aunque no los hayas visto, aunque no sepas quienes son o qué patología tienen quieres salvarlos a todos, no diré que haya vidas que valgan más que otras pero ¡joder! sobre todo quieres salvar a todos los niños, aunque como en mi caso yo no quiera fotocopiarme el genoma, si que quiero que las fotocopias de los demás salgan adelante.

Miré mi reloj para darme cuenta que llegaba tarde, muchos 20 minutos de antelación para atravesar el hospital y llegaba tarde, así que terminé de recorrer el pasillo para seguir con la ruta de pediatría, al final del pasillo, a una hora en la que no suele haber apenas movimiento de gente ajena al hospital, estaban la madre, el padre y dos familiares más del niño que habíamos perdido, la madre también lo sabía, nadie le había dicho nada pero ella también lo sabía, mientras me alejaba escuché como se abría la puerta y un compañero salía a dar la noticia. El grito de la madre se me metió en la cabeza y me ha acompañado desde ayer, he hablado con cientos de pacientes entre ayer y hoy, he dado decenas de palabras de ánimo, me he alegrado con la recuperación de muchos, he reñido a alguno que otro, pero el grito de la madre no me lo saco de la cabeza, y es que no te acostumbras, 18 años de profesión y no te acostumbras.

Otro día te cuento lo de mi teoría acerca de los lunes, pero hoy no, hoy todas mis palabras son para ése niño o niña que perdimos ayer, si, el que perdiste tu también, aunque como yo no le hayamos visto jamás, hoy mis palabras están con el adulto que pudo haber sido, con el genoma que se pudo haber fotocopiado, con las risas que no se reirán, con todos los “haz el favor de bajarle a la tele” o los “mientras vivas bajo este techo” hoy mis palabras están contigo… pequeño.

Navidad en el hospital.

ecg hospital

Soy soltera sin hijos y trabajo en Sanidad, vale, para ti puede que no signifique nada, para mis supervisores en el hospital significa todo, pero todo es TODO, te cuento:

Corría abril de 1999 cuando una jovencísima versión mía se plantaba por primera vez en un hospital para unirse a la “cofradía del uniforme blanco” solo una semana antes me encontraba en la seguridad de las aulas, ahora me pedían que me pusiera delante de un paciente, acojonada era poco, para más inri en mi primer día me plantaron en una unidad de transplante de médula infantil con lo que el respeto por mi profesión era mucho mayor, recuerdo lavarme las manos compulsivamente durante ésas 12 horas, luego con los años vas con más tranquilidad pero la compulsión por el lavado de manos se te queda, te digo yo que se te queda, cada que me lavo las manos así sea en casa siento que me estoy preparando para una cirugía de corazón abierto, sé que no soy la única.

Lo que te iba a contar era otra cosa, te iba a hablar de las guardias de nochebuena y nochevieja; como te he dicho soy soltera sin hijos, éso hay que tenerlo muy claro porque es el detonante de todo: al ser soltera sin hijos no he tenido más que tres años la oportunidad de pasar estas fiestas en casa desde que pisé un hospital por primera vez allá por 1999, en teoría esto se rota entre todos los del servicio EN TEORÍA, pero luego todos los p*** años alguien “casualmente” se enferma con lo que hay que cubrirlo y como claro los eventuales somos menos pues hala ¡feliz navidad! año tras año veo como de nuevo aparezco en la planilla para alguna de las dos noches de fiestas, ha habido años en los que oh sorpresa, he aparecido programada para las dos noches, éso sí librando entre el 25 y el 30 como para compensarme, no me compensa te lo digo de nuevo, no me compensa.

“Bueno, tampoco es que te esté esperando nadie en casa”.

Alguna variación de ésa frase he escuchado durante más de 14 años, el pecado es ser soltera sin hijos, como si ésas dos condiciones me hicieran menos persona o me sacaran de cuajo a la familia del corazón, no, soltera sin hijos es igual a guardia de nochebuena o de nochevieja, pregúntalo te animo a preguntarlo ya te dirán lo mismo, sé muy bien que no soy la excepción.

¿Cómo es una guardia en fiestas?

arbol guantes

Según en el servicio en el que te encuentres cambia muchísimo, pero en todos intentamos acercar el espíritu a los pacientes, que ya tienen lo suyo con estar ésa noche en el hospital, en todos los casos procuramos hacer un poco más especial la que en teoría es una noche más, en la totalidad de los hospitales en los que he trabajado ésa noche dejan que los familiares pasen la noche o bien alargan la hora de visita hasta pasada la media noche, cosa que agradece mucho aquel que tiene familia y resiente el que está solo, el personal se vuelca sobre aquel que no tiene acompañante, ésos días nos saltamos un poco las normas y dejamos que se enciendan teléfonos móviles u ordenadores portátiles, todo por acercar un poco la navidad a los pacientes, después de todo nosotros al finalizar la guardia podremos dar un abrazo a los nuestros, muchos de los pacientes no tienen ésa suerte.

El personal lo lleva de otra manera, nos hacemos a la idea de que bueno, son unas horas, es una noche como las otras, pero aún así intentamos ser lo más navideños posibles, el hospital suele invitar a una cena que siempre se agradece, aunque en ocasiones nos la terminamos comiendo más cerca del desayuno que de la cena, si es en nochevieja hasta nos dan un cuenquito con uvas, ¡a veces hasta nos las comemos con las campanadas!, se adelanta media hora la ronda de media noche en un intento porque los pacientes no tengan que escoger entre uvas y paracetamol, algunos compañeros de otros servicios se pasean disfrazados por todo el hospital dando regalos y cantando villancicos, personalmente siempre he estado en servicios especiales por lo que nunca me he podido alejar de mi servicio para “hacer la ronda navideña” pero tengo la esperanza de que algún año podré.

En las guardias de fiestas se pica, ¡se pica mucho!, bueno en general en un hospital en época de navidad, se empieza a comer desde finales de octubre que es cuando empiezan a llover las “cajas rojas”, aquí un secreto hospitalario: cada servicio en un hospital tiene una mesa en el estar del personal que ha de tener una conexión con el triángulo de la Bermudas, es poner algo de comer ahí, girarse y ver como desaparece en menos de un minuto, ¡hay gente que ha llegado a perder brazos por descuidarse!; yo al ser celiaca, alérgica al huevo e intolerante a la lactosa lo llevo realmente mal con tanto chocolate, polvorón y demás cosas que abundan en navidades, éso si cada vez que aparece algo apto para mi mis compañeros me lo separan en un plato especial y nadie se lo come, es lo único que se respeta en la mesa/triángulo de las Bermudas, todo lo demás desaparece antes siquiera de terminar de posarse en la mesa, si algún día queréis deshaceros de algo ponerlo en una mesa del estar del personal en cualquier hospital y lo veréis, no importa lo que sea: nos lo comeremos, y no es que seamos unos muertos de hambre, es que la mesa ésa tiene algo especial que nos incita a comer, ¿alguna vez habéis llegado a casa después de una fiesta a las 3am y os habéis comido unos espaguetis fríos? pues es lo mismo pero sin haber salido de fiesta.

 ¿Cuál ha sido mi mejor guardia navideña?

Sin lugar a dudas, las navidades del 2001 y éso que no daba un duro por ellas, ése año me tocó cubrir tanto la guardia de nochebuena como la de nochevieja, de ésas casualidades de la vida, uno de los compañeros que cubriría la de nochevieja se enfermó el 29, yo estaba de noche y cubriría las noches pares, el 30 me dijeron que también haría las impares durante 3 noches, es decir: 30 -31- 1 dos mías y una de más, iría a un servicio que no era el mío, al que jamás había ido, con gente que no había visto en mi vida, en una noche que no era la mía, te parecerá que no, pero cuando estás de noches fijas, ir al hospital en una noche que no es la tuya es como ir a otro hospital; y ahí estaba yo en la unidad de neuro con gente que no había visto en mi vida y que me hablaban lo justo, porque iban a lo suyo, suele pasar en los grandes hospitales, no penséis que es nada personal, sobre todo en ésas noches que se intenta apresurar un poco todo para poder “rascar” ésa media hora de la que te hablé antes, en mi noche lo que hicimos fue hacer una sola piña e ir en manada a las habitaciones para hacer todo a la vez, pero esta no era mi noche así que “su noche, sus reglas“, la planta estaba dividida en 4 sectores y a mi me dejaron el final, iba más despacio que las demás porque no tenía idea de dónde estaban las cosas, el caso es que para cuando terminé con casi 20 minutos de retraso, y me dirigí al estar del personal encontré la puerta cerrada: estaban cenando y celebrando, cuando abrí la puerta me dijeron que en unos minutos terminaban y me dejaban la mesa para que cenara yo también, que mientras tanto “si no me importaba” me quedara fuera vigilando los monitores, si esto me pasara ahora con tantos años a la espalda contestaría de otra manera, pero para ésa época era una niña recién desempaquetada de los libros y volví al control, me puse a introducir los datos en las historias mientras hablaba con mi madre y mi novio por teléfono e intentaba no ponerme a llorar ahí delante de todos.

Veinte minutos después salieron todos de la sala del personal y me cedieron la mesa para mi, yo tenía ganas de todo menos de ponerme a comer sola pero tampoco me iba a quedar allí, si ellos tuvieron sus 20 minutos, yo me tomaría los míos así fuera para mandar SMS (que en ésa época ni Twitter, ni Facebook, ni internet en el móvil me salvarían de esto), no llevaba ni cinco minutos sentada cuando me empezaron a llamar a gritos, mi enfado iba in crescendo salí hecha una furia lista para explayarme todo lo que pudiera, me dijeron que me necesitaban en la garita del vigilante por no sé qué cosa, bajé renegando por lo bajito las 7 plantas que me separaban de la garita del vigilante mientras intentaba recordar el nombre del hombre al que a diario le cantaba mi número de empleado para que pudiera fichar por mi -cosas raras, en ése hospital fichabas pero lo hacía por ti un vigilante de seguridad- cuando lo veo: ahí al lado de la garita, tupper en una mano y un termo de caldo en el otro, sombrero de papá noel y nariz de Rudolf, mi novio al que había llamado minutos antes en un afán de sentirme querida, estaba ahí para llevarme cena y para asegurarse que no pasara esta noche sola, los mejores veinte minutos de la noche y sin duda uno de los gestos más bonitos que en toda mi vida alguien ha tenido para conmigo. El chico es hijo único y yo a su madre jamás le caí bien, el que hubiera dejado la fiesta familiar antes de media noche para llevarme cena y quedarse conmigo unos minutos en el hospital no aumentó por supuesto, el amor que su madre jamás me profesó, pero éso en ese momento me importaba más bien poco; con ése chico y para felicidad de su madre, lo dejamos años después pero lo llevaré siempre en mi corazón, siempre tenía para mi actos como ése, es una persona maravillosa que simplemente un día me dejó de querer, no puedo más que desearle lo mejor, sé que no me está leyendo pero muchas gracias por ése detalle, me acompañará toda la vida.

¿Éste año, qué?

Este año no tengo guardias, ni de nochebuena ni de nochevieja, este año estoy en un servicio que no hace guardias así que era imposible que me las pusieran, además se me acaba el contrato el 31 de diciembre con lo que no te las pueden poner porque a partir de la media noche estarías sin contrato, así que este año pasaré las fiestas sola en casa, y no es que no me hayan caído invitaciones, varios de mis amigos me invitan año tras año a ser parte de sus familias en fiestas, año tras año declino las invitaciones; estar sola no ha sido nunca un problema para mi, pero llámame tonta, reunirme en navidad con las familias de mis amigos me recuerda más que los míos están lejos así que prefiero estar en casa y pensar en éstas fechas como un miércoles o un lunes más; además, la medicación del pie me da un sueño que no veas así que en nochebuena caí en coma profundo sobre las 22, para despertarme a las 5:30, me conecté con casa para felicitarles las navidades y volví a la cama, lo he hablado con el rehabilitador y para nochevieja cambiaré el horario de la medicación, cenaré en casa y luego saldré con algunos amigos por ahí, que hay que celebrar o bien que me renuevan o bien que me quedo sin trabajo y tengo una oportunidad de empezar de cero, que viene un año nuevecito, una agenda vacía y una nueva oportunidad para caminar hacia la persona que quiero ser.

Lo que quiero decir es que no importa con quién pases la noche de nochebuena o la de nochevieja, lo importante es quién está contigo todo el año, yo las fiestas las suelo pasar sola, pero la vida, la vida amigo mío la paso acompañada de las mejores personas del mundo.

¡Felices fiestas, que el año que viene sea maravilloso! que calendarios, agendas y post it se llenen de besos, de alegrías, de sonrisas, que camines hacia la persona que quieres ser… y sobre todo que me lo cuentes todo para tener algo que leer en mis noches de guardia.

  —–

Éste post es parte de la saga #PostReciclados,
el original se publicó hace dos años en mi otra web,
siguen siendo ciertas cada una de sus palabras.

La sorpresa: un año después.

love actually

Voy a cumplir nueve años lejos de casa, nueve años intensos en los que he crecido como persona, he llorado de felicidad, he reído hasta hartarme, he conocido gente que serán para siempre parte de mi vida, nueve años en los que he sido feliz, muy feliz, pero también son nueve años en los que he crecido lejos de casa, en los que he llorado de dolor, he reído bajito, he dejado atrás parte de mi misma, he crecido pero no he visto crecer a aquellos a quienes quiero, nueve años…lejos.

Si miro atrás en el tiempo, volvería a irme: aquí soy feliz y aquellos que me quieren saben que lo soy, así que ellos son felices por mi, así sea con el corazón en la mano, yo soy feliz por ellos, aunque mis abrazos sean de pantalla de ordenador y mis besos sean de mensajes en buzones de voz, aunque mi versión de las “infusiones sanadoras” que me preparaba mi madre para los dolores, no sean más que agua caliente del microondas, soy feliz aunque haya conocido personas que han intentado robarme esa felicidad y lo hayan logrado durante un tiempo, soy feliz, feliz en la distancia que es un poco ser feliz a medias, pero feliz después de todo.

Soy una persona muy solitaria, estoy bastante a gusto conmigo misma, puedo pasar días enteros sin salir de casa, el estar lejos nunca me ha supuesto un dilema, me fui de casa muy  pronto, he tenido la suerte de nacer en una familia que cree que tenemos que volar con nuestras propias alas y jamás nos las ha cortado, he crecido en una familia que me enseñó que todo lo que se siembra al final da frutos, que siempre ha apostado por mi, que siempre ha creído que yo tengo el boleto ganador en la lotería de la vida, es por éso que mi familia está “regada por el mundo” yo estoy aquí y estoy sola, ellos están allí pero están conmigo.

Aún así llega un momento en que los abrazos de LED no te calientan, que los besos de audio no te reconfortan, hay momentos en los que hay que volver, volver para recargar, volver para abrazar. Hoy hace un año que decidí que ya estaba bien de pasar navidades lejos de los míos, que ocho años sin vivir una navidad en casa eran suficientes, en un ataque de visceralidad de ésos que todos tenemos a veces y con la planilla del trabajo en la mano: empecé a mover hilos para poder irme a casa durante por lo menos quince días en diciembre, me senté frente a una hoja de papel y empecé a crear posibilidades, mi bolígrafo apenas podía seguir a la velocidad con la que se movía mi mente, comencé por poner en un lado todos los turnos que tendría que cambiar y en la otra columna las opciones de personas que me los podrían cubrir, para ésa época yo trabajaba en un sitio que requería meses de preparación con lo que mis posibilidades se reducían a cuatro o cinco personas, así que para que todo saliera bien cada una me tenía que cubrir por lo menos dos días incluida la mañana de nochebuena…lo tenía crudo, pero como no tenía nada que perder: lo intenté.

Llamé primero a aquella que me podría hacer la mañana de nochebuena, de ella dependía todo, si decía que no, no importaría lo que dijeran los demás yo no podría viajar y el abrazo con mi madre se postergaría otro año, la llamé con el corazón en la garganta, según la planilla ella tenía libres cinco días y yo no podía devolverle un día posterior así que si yo viajaba ella no, aún así la llamé: me contó que se iba a ir a Londres para visitar a su hijo…pero que no le importaba coger un vuelo el 24 por la tarde, que ella tenía a su hijo a menos de una hora y yo a mi madre a miles de kilómetros, que si estaba en sus manos ese año yo abrazaba a mi madre sí o sí.

Primer reto conseguido, así que con las fuerzas recargadas seguí llamando a mis compañeros, explicándoles mis razones y diciéndoles que aunque ellas me harían el turno cuando yo más lo necesitaba, yo solo podría devolvérselos en unos días concretos porque al finalizar mi contrato el 31 de diciembre no podía dejar turnos sin devolver, así que no solo me estaban haciendo un favor, un enorme favor: me hacían un turno cuando yo lo quería y yo les devolvía cuando podía con lo cual, no estaban ganando absolutamente nada, yo lo sabía, ellas también, aún así: ninguna se negó, bueno una sí pero no todo podía ser color de rosa, cuando una se negó empecé a devolver llamadas para cancelarlo todo, el plan se basaba en conseguir un imposible, en conseguir que cinco personas me hicieran 12 turnos, yo sabía que era un imposible pero como en casa siempre me han enseñado que todo se puede y que por lo menos hay que intentarlo éso había hecho, había luchado y había perdido ¡pero había luchado!

La tercera compañera que llamé para decirle que ya no iba a necesitar el turno, me contestó que no se me ocurriera dar marcha atrás que ella cubría ésos dos días mi turno y el suyo, que haría dos días seguidos turnos de 14 horas pero que me fuera, que por favor me fuera, nunca le agradeceré lo suficiente.

Salí de casa hacía la agencia de viajes, no tenía dinero para el billete pero éso irónicamente no me preocupaba, había conseguido coordinar los turnos, el dinero no iba a ser lo que me impidiera viajar, me planté en la agencia y les dí fechas, les dije que no tenía dinero y que me lo tendrían que financiar en su totalidad, que el 31 de ése mismo mes me quedaría sin trabajo pero que podían estar seguros de que les pagaría el billete así fuera lo último que hiciera, me lo financiaron.

Habían pasado solo 45 minutos desde que puse el plan en marcha y el momento en el que tuve el billete en la mano, ahí fui consciente de la que había montado, de lo que suponían ésos dos folios impresos que tenía en el bolso, en ése momento me dí cuenta que pasaría las navidades en casa, es como cuando en el trabajo hay una emergencia: te pones en piloto automático, todo tu cuerpo funciona por inercia, sabes lo que tienes que hacer no hay tiempo de pensarlo, el cuerpo recuerda y actúa, ya después cuando llega la calma tienes tiempo de sentir, pero por el momento hay que actuar, éso me pasó; cuando llegué a casa y abrí el bolso me di cuenta de lo que había pasado, la emoción me desbordó y lloré, unas lágrimas dulces, muy dulces esta vez.

Tenía el billete para el 10 de diciembre así que en nueve días tendría que hacer los turnos de todo un mes, los míos y todos los que me iban a hacer, literalmente me fui a vivir al trabajo, turnos de 14 y 21 horas, las pocas horas que no estaba trabajando las utilizaba para organizar la maleta, comprar regalos, coordinar todo lo necesario, engañar a mi madre: decidí que todo iba a ser una sorpresa, así que inicié conversaciones por whatsapp con mis ex-compañeras de la Facultad les conté el plan y les dije que necesitaría que alguna me fuera a buscar al aeropuerto, por supuesto encontré chófer en dos segundos. A mi madre le conté que tenía una compañera del trabajo que se pasaría por allí con la intención de un Congreso y que no le importaba llevarle unos regalitos míos (así conseguí que me dijeran ella y mis hermanos lo que querían por navidad) me puse como no, de acuerdo con mi compañera y le enviamos su foto para que pudiera saber cómo era “ya que iba a ir a verla”, días después y para asegurarme de tenerla en un sitio concreto le dije que a mi amiga la irían a buscar y que ella le llevaría las cosas a casa de la abuela, que la esperara entonces allí (así yo mataba dos pájaros de un solo tiro y daba una sorpresa generalizada, no le había contado a nadie de mi familia que iría: era la única forma de asegurarme que nadie se enteraría) mis cómplices eran compañeras de la Facultad y alguno que otro personaje de Twitter, después de todo necesitaba que alguien en casa tuviera los datos de mis vuelos, que uno nunca sabe.

Dos días antes el pie me empeoró considerablemente, el médico me dijo que necesitaba parar unos días, yo no podía estar de baja o no podría hacer los turnos y mucho menos salir del país así que el último turno que hice antes de viajar fue sin duda uno de los peores que he tenido en mucho tiempo, al finalizar no podía ni apoyar y una compañera tuvo que llevarme a casa, mi plan era aprovechar ésa última noche para terminar de hacer la maleta pero en las condiciones en las que estaba no podía hacer mucho así que mi amiga me ayudó y en menos de diez minutos “embutimos” las cosas en las maletas porque decidimos que lo mejor era dormir en su casa: por si necesitaba algo, por si empeoraba estuviera acompañada, pero sobre todo por si los nueve días que llevaba casi sin dormir pasaran factura y perdiera el vuelo por quedarme dormida, llegamos a su casa sobre la media noche, estuve organizando la maleta hasta casi las dos, tenía el vuelo a las 9 así que tendría que estar en el aeropuerto a las 6:30 una noche más que apenas dormía, pero tendría 12 horas de vuelo por delante, dormir era lo último que me preocupaba.

Recuerdo subirme al avión, relajarme por primera vez en días y caer profundamente dormida, las auxiliares de vuelo me despertaban para las comidas, yo comía y volvía a dormir, horas después estaba en mi ciudad, el vuelo llegó a tiempo pero las maletas se tardaron una eternidad en salir, sabía que no había nadie de mi familia detrás de las puertas de cristal pero veía sus rostros en rostros ajenos, veía reencuentros y abrazos, era feliz por aquellos que se reunían con los suyos después de quien sabe cuánto tiempo, inventaba historias en mi cabeza, intentaba adivinar quien iría a buscar a quien, me decía: el niño de rojo ha de ser hijo de la señora con rulos de la cinta de atrás, me apostaba a mi misma quién era pareja de quién, leía letreros de “bienvenido” hechos con macarrones y purpurina, veía abrazos y lágrimas de felicidad, reencuentros esperados por quién sabe cuánto tiempo, anticipaba el mío mientras esperaba y sonreía con el corazón.

Casi una hora después por fin estaba fuera del aeropuerto, solo diez minutos me separaban del abrazo de mi madre, durante tres semanas no habría besos de buzón de voz, abrazos de LED, sopas de sobre o infusiones sanadoras de microondas, durante tres semanas habría felicidad pura y dura.

Aparcamos frente de casa y toqué el timbre: me abrieron dos de mis primos que no supieron decir nada, unos segundos después mi madre bajaba las escaleras y su grito de felicidad retumbaría hasta mi vacía casa al otro lado del mundo, su grito alertaría a los demás y en menos de un minuto me encontraba dando todos los abrazos que tenía pendientes durante años, mi madre no me soltaba como si quisiera asegurarse de que era cierto, me riñeron por supuesto ¡¿cómo no avisaste?, ésas cosas no se hacen! eran las palabras que más me repetían, me reñían un segundo, pero como a mí: la felicidad hacía que el enfado fuera a menos.

Tres semanas estuve en casa, tenía vuelo de regreso el 29, tenía que volver el 30 por si me renovaban en el trabajo estar aquí para firmar el contrato, estuve solo tres semanas pero me sirvieron para cargar el corazón de felicidad para meses y meses. Este año no iré, no es un coste que me pueda permitir todos los años, intentaré si se puede ir el año que viene, este año volveré a tener una Navidad compartida por pantallas de LED, a escuchar besos en mensajes de voz, a compartir cenas de navidad a deshoras, a adornar la casa para uno, este año trabajo de mañana con lo que no tendré guardia de Nochebuena y como nuevamente se me acaba el contrato el día 31 tampoco me pueden poner guardia de Nochevieja, así que este año estaré en casa sola, celebrando dos veces la navidad: a mi hora y a la suya, lo que me dará la oportunidad de sonreír el doble de veces, por lo pronto y a pesar de que con todo lo que me ha pasado este año y el haberme tenido que cambiar a un piso más pequeño, he encontrado un espacio para el Belén y así he acercado un poco mi familia a casa, mañana encontraré la manera de poner el árbol aunque para ello tenga que quitar la mesa del comedor.

Este post es una celebración, una celebración del amor que siento por los míos, los míos de sangre y los míos de corazón, una celebración del amor que les profeso y del que me profesan a mi, una celebración y un homenaje: por todos aquellos que me permiten ser parte de su vida y que me hacen un huequito en sus corazones, por aquellos que me vieron crecer y me dejaron marchar y por aquellos que me ven ser la persona que quiero ser dejándome entrar, por los de allí y por los de aquí, porque sois vosotros quienes me hacéis grande aunque siga midiendo 1,50 porque mi familia es inmensa y está en todas partes.