Hoy también es el día de la madre.

 juan carlos boveri

Las celebraciones en solitario son complicadas, cumpleaños, navidades, reyes, hasta las celebraciones de fútbol en solitario son complicadas; podría decirse que no tanto, después de todo vivimos en el mundo de los avances en telecomunicación, o por lo menos es de lo que intenta convencerme Amena cada vez que me llaman para proponerme un plan de llamadas internacionales, o los de la empresa ésa de las tarjetas de llamadas que me acosan todos los días en el Metro.

35 añacos… y nada de juicio añadiría mi madre con una muletilla muy usada en mi tierrita, por supuesto: nada de juicio, si nos comparamos con mi madre, ella a sus 35 añacos ya tenia dos hijos y un marido -que en ocasiones viene siendo tener 3 hijos-, tenia además un marido que viajaba muchísimo así que casi diré que yo soy hija de madre soltera que estuvo casada durante un tiempo, mi madre a su edad tenia el peso del mundo en sus brazos, la responsabilidad de sacar lo mejor de dos personas que dependían absolutamente de ella, así que sacó fuerzas de flaqueza y mira: no le salimos tan mal (bueno, un poco mal de la cabeza si estoy yo, pero son estados en enajenación transitoria) con mi edad a mi madre jamás se le pasaría por la cabeza que 5 años después y cuando los dos primeros estaban medianamente encaminados por la vida, y a mí por lo menos ya me tenia mirando a la Universidad, sacaría la tarjeta de “vuelva a la casilla de maternidad” y ahí está: mi  hermano menor apareció a los 40 de mi madre y bien a gusto que nos quedamos cuando llegó.

Mi madre: la madre coraje por excelencia, jamás ha permitido que me dé por vencida, es mil veces mejor persona que yo, es incapaz de decir que no en situaciones en las que yo cerraría la puerta en la cara al otro, se entrega muchísimo por aquello en lo que cree y cree en muchísimas cosas, así que vive entregada a los demás, es de ésas personas que saca lo mejor de ella cuando ve brillar a los otros, de ésos que están ahí, en la penumbra, porque su luz la da a los demás, mi madre jamas intentó cortarme ningún ala, ya si eso ella se cortaba un trozo de corazón y me lo metía en la maleta por si a mí me hacia falta, cuando le dije que me iba de casa fue ella quien me ayudó con la mudanza, cuando sufría de amor lloraba conmigo, cuando tenia exámenes se quedaba despierta haciéndose la que veía la tele, pero era para asegurarse que no me quedara dormida, o que no pasara la noche en vela sin comer, jamás me dijo no cada vez que decidía pintar las paredes de mi habitación aunque ella hubiese pintado la casa a juego, estudió conmigo cada terminología de la carrera y me dejó empapelar la casa con mis apuntes, casi se hace vegana después de que en mi primer año le contara lo que hacía cada órgano del cuerpo, me apoyó incondicionalmente cuando quise hacer una segunda carrera, no me reñía cuando le decía que cambiaba de opinión, no me odió cuando dejé la Fisioterapia a poco de titularme para empezar Psicología, jamás ha dejado de creer en mí y es por eso que no me derrumbo, ella cree en mí incluso más que yo, me ha dejado siempre la libertad para ser yo misma, pero se asegura de dejarme la puerta abierta por si me da miedo el mundo y decido volver a arroparme en su cama, jamás me ha echado mis fracasos en cara pero es porque: ella no cree que me haya equivocado jamás.

Mi madre me permite ser la persona que quiero ser, me suelta consejos sosegados, los deja caer por ahí, para que yo los coja si me vienen bien, jamás me dice: “te lo dije” y es porque nunca me lo dijo, a ella jamás se le ha pasado por la cabeza que sus hijos no sean más que ganadores, así que asiste por igual a competencias deportivas, a debates, a conciertos de grupos que no soporta, se le encoge el corazón cuando  nosotros, sus hijos, decidimos escalar montañas, atravesar continentes, montar tabla, arriesgar la vida, se le encoge el corazón pero nos deja ser, nos apuntó a cuanto deporte le decíamos que nos interesaba y  nos procuraba los instrumentos musicales que por moda quisiéramos aprender a tocar (ahí continúan las guitarras y los teclados que jamás se usaron y que ella jamás no echó en cara) nos reñía cuando nos desviábamos del camino, pero jamás ha dejado de animarnos a recorrerlo solos, siempre nos ha dejado opciones, y espera silenciosa que no se vayan en saco roto todas sus enseñanzas, no se van ya te lo digo yo.

Con los años entiendes la fuerza de las palabras de una madre, con los años entiendes que no quieren amargarnos la vida cuando nos dicen que nos pongamos un suéter, te das cuenta de todo lo que vale la que te prepara las lentejas y te las mete en un tupper para que no tengas más que calentarlas cuando llegas tarde, o entiendes la importancia de ponerte calcetines limpios, cuanto más maduramos más agradecemos y más nos damos cuenta de todo lo que sacrifican por nosotros, yo no sé si podría hacer algo así por otro, no siento siquiera que tenga un cuarto del valor que tienen las madres, por favor: si me cuesta horrores levantarme a las 5:30 am para ir a trabajar y a mí me pagan por ello, a las madres no les pagan y bien que las tenemos en vela demasiado tiempo.

Nada de héroes los que van a la guerra, héroes ellas, que se quedan en casa después de haber parido a los que se van a la guerra y llevan entonces doble peso encima, héroes ellas, que reparten sabiamente una barra de pan con sentido milimétrico para que no digamos: ” a mi hermano le pusieron más”, héroes ellas que llegan a fin de mes apurando el dinero y nos compran chuches aunque para eso tengan que dejar de comprarse zapatos, héroes ellas que se despiertan al alba, preparan desayunos, despiertan hijos, escuchan historias, nos acompañan y aun así tienen tiempo para maquillarse divinas e irse al otro trabajo, al que les pagan fuera de casa, héroes ellas que nos soportan en la adolescencia y que ven lo que otros no ven en nosotros, héroes ellas que se despiertan las primeras y se acuestan las últimas, que sacrifican su cuerpo, sus curvas, sus pechos, por uno que tarde o temprano se irá de su lado, héroes ellas que tienen la valentía de la que yo carezco, puede que la que trabaje salvando vidas sea yo, pero os aseguro que la que las salva es ella, puede que no conozca a mis amigos, pero sé que le gustarían, ella me enseñó a ver el valor en los demás y es por eso que intento ser la mejor amiga que puedo, mi madre me apoya muchísimo, se ríe de las tonterías que escribo por Facebook, es la primera en leer las entradas al blog, no comenta nunca porque una vez más se hace a un lado para dejarme ser, se escandaliza cuando cuento mis historias amorosas pero no entiende que se las cuento a ella y a otras madres que no tienen a quien leer, se sorprende cuando le cuento mis historias de cama, pero sé que en el fondo se alegra de tener una hija que se las cuente, yo me alegro de tener una madre a quien pueda contarle todo.

Ella me cuida, me cuida desde el otro lado del ordenador, me cuida desde un auricular a miles de kilómetros de distancia, ella me ve crecer por las palabras que lee y me acompaña en las fotos que publico, mi madre vive a mi lado aunque lo haga tan lejos, siempre ha intentado que me crea que soy guapa, nunca me llamó gorda ni me reprochó todas las veces que abandoné una dieta, permitió que en un estado de enajenación transitoria tiñera mi melena negro azabache por un ridículo rubio que se quedó en castaño; mi madre trabaja y es muy buena en lo suyo tanto que hasta hace poco menos de dos años no la dejaron jubilarse y ahí estaba: siendo la madre de otros en el trabajo, ha perdido la capacidad de asombrarse de todas mis locuras, prepara ajiaco y se le atraganta porque sabe que muchas veces yo como sopa de sobre, es la primera en llamarme cada cumpleaños y la última persona que escucho cuando el año termina, mi madre es además buena hija cuida de mi abuela como me gustaría a mí poder cuidar de ella, es buena hermana y está ahí por por los suyos, los suyos que son los míos aunque yo cada vez los siento más lejanos.

El día de la madre no debería ser uno, lo sé pero por alguna razón nos lo creemos, creemos que hay un día bueno, un día concreto para ser buenos hijos, para decirles lo mucho que  las queremos, lo mucho que les agradecemos, así que yo te propongo que dejes ahora mismo de leer este post, y que corras al lado de tu madre, que les des un abrazo fortísimo, y que no las sueltes durante horas, ve ahora y abrázala, hazlo por ellas, por todo lo que nos dan, halzo por todo lo que les agradecemos, pero sobre todo hazlo por mí y por mí madre, porque nosotras no podemos abrazarnos.

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Éste post es parte de la saga #PostReciclados,
el original se publicó hace dos años en mi otra web,
siguen siendo ciertas cada una de sus palabras.