Problemas “gordos”, Sanidad Desnutrida.

descarga (1)

Soy profesional sanitario, estoy gorda. Cuesta, la verdad que cuesta lo suyo aunar ésos dos conceptos, parece ser que si eres personal Sanitario has de saber de todo, pues bien: yo no sé de todo.

Llevo 16 años dedicados a la Sanidad y aún sigo sin dominar mi propia categoría profesional, como para meterme a aplicar la de otros, irónicamente es lo que espera de nosotros el Ministerio de Sanidad con su política de no contratación de Dietistas-Nutricionistas, espera que todos en materia de nutrición tengamos algo que decir; te dan “consulta nutricional” en enfermería, en talleres de ergonomía, en fisioterapia, en consultas de traumatología, en, como una vez me pasó: la consulta de rehabilitación, había acudido cuando empecé el viacrusis del tobillo (que al final y después de casi tres años va a terminar en cirugía) y  la rehabilitadora me dio una de ésas dietas mil veces fotocopiada para que la siguiera sin más, una dieta tipo, una dieta desordenada, que no solicité y que nunca seguí, era una dieta disociada de ésas que tuvieron su furor a mediados de los noventas, con nombre de médico e infinita publicidad gratuita a base de estrellas de televisión.

En éstos 16 años he visto a compañeros de múltiples especialidades dar a los pacientes consejo nutricional apoyados solamente en las famosas dietas mil veces fotocopiadas, en todo éste tiempo ni como profesional ni muchos menos como paciente me he encontrado con Dietistas en la consulta, planta o servicio especial del hospital y mucho menos en atención primaria, lo sufro desde los dos lados: como profesional al que acuden usuarios en busca de consejo, un consejo que yo no puedo darles con propiedad y como paciente al que también se me niega el derecho básico a una atención especializada para mi dolencia. Si el corazón, los pulmones, el hígado, la piel tienen sus especialistas y no se nos pasaría por la cabeza por ejemplo enviar a un hombre con problemas de rodilla a la consulta del oftalmólogo, si que enviamos -me envían- a obesos, diabéticos, hipertensos y un largo etcétera a consultas de nutrición impartidas por profesionales que NO son los adecuados.

Todos en el mismo saco.

El paciente del que se habla en casi toda la literatura es un hombre blanco, sano, de mediana edad y unos 70 kilos de peso, en base a ése hombre ficticio se han venido elaborando cientos de teorías en todas las especialidades médicas y antropológicas, éstos datos por supuesto se basan en literatura que no suele corresponder con el hombre ficticio español, aún así seguimos las mismas pautas que se nos han marcado, en nutrición no hay mucha diferencia, la cosa es ¿qué pasa cuando no somos el hombre ficticio de la literatura?

Os cuento mi caso: estoy gorda, soy celiaca, hipotiroidea, alérgica al huevo e intolerante a lactosa aún así cada vez que he ido al endocrino, o a la consulta de obesidad ya sea del hospital en el que trabajo, mi centro de salud o mi hospital de referencia, en todas las ocasiones he salido con una dieta “tipo” en la que el desayuno está compuesto por una pieza de fruta, 200ml de leche y 40gr de pan o 6 galletas tipo María, en todas las ocasiones me han dicho “tu cambia lo que creas que no puedes comer”.

A pesar de que en cuestiones de alergias se ha avanzado bastante aún hay mucho desconocimiento del tema por cientos de profesionales, yo personalmente me he encontrado en ésas consultas de obesidad con personas que me dicen: “lo de la intolerancia es una tontería, se es alérgico o no se es, y si no se es: pues se come” y se quedan tan panchos oye, me ha costado Dios y ayuda hacer entender en la cafetería del hospital que existen desayunos sin gluten, huevo, leche o mermelada, por lo pronto, y ésto es algo de lo que me siento muy orgullosa, he logrado que haya pan sin gluten en la cafetería (si, hay que llamar con 20 minutos de antelación para que te lo horneen porque son congelados, pero chico que menos da una piedra) éso para mi es un gran avance del que os hablaré otro día para no desviarme del tema.

¿Y la prevención?

En Sanidad somos muy de atacar el problema y menos de prevenirlo olvidándonos muchas veces que es justo en la prevención en donde más campo de acción y más población podríamos sanar sin esperar a tener que atacar, sobresale de nuevo la importancia de contar con  los profesionales idóneos para desarrollar correctamente ésa tarea. Si por cada euro invertido en asesoramiento nutricional se ahorran 50€ en tratamientos posteriores ¿no merece la pena hacerlo? Cientos de patologías deben ser tratadas desde el ámbito nutricional y aún así se las deja de lado, miles de niños crecen sin apoyo nutricional desde las consultas de pediatría o los comedores escolares, los ejemplos son infinitos, necesitamos especialistas en nutrición dentro del Sistema Nacional de Salud.

La falta de opciones.

En mi caso particular y ante la imposibilidad de encontrar un profesional dentro de la Sanidad Publica que pueda efectivamente y con todas las herramientas necesarias acompañarme en el proceso de pérdida de peso me he inclinado por un nutricionista privado que identifica mis carencias nutricionales y enfoca el proceso multidisciplinar que es la pérdida de peso a mis necesidades individuales, que no me da dietas tipo mil veces fotocopiadas y que adapta mi tratamiento a mi vida; elegir un nutricionista privado para mi nunca ha sido una opción, siempre ha sido una falta de opciones, yo que trabajo y lucho por una Sanidad Publica, pago un nutricionista privado porque siento que tengo las manos atadas y ésa es la razón por la que me he unido a Dietética Sin Patrocinadores y levanto la voz, por la que cedo un espacio en éste sitio y os animo a que vosotros hagáis lo propio, porque la Sanidad Publica debería tener entre sus filas a profesionales de la nutrición, porque estamos hartos de la falta de opciones. porque algo falla en nuestra sanidad y está en nuestras manos poder solucionarlo.

¿Cómo? 

Desde Dietética sin Patrocinadores, se está convocando una manifestación para el próximo 10 de mayo a medio día frente al Ministerio de Sanidad (Paseo del prado, 18)

Podéis leer aquí el manifiesto, el momento de actuar es AHORA.

Los yogures y yo.

yogurcaducado

En mi nevera hay tres yogures que caducaron el 12 de octubre, están ahí expectantes del día en que por fin me decida a comérmelos, ése día se resiste, así como yo me resisto a tirarlos.

En toda nevera de soltero que se precie al final se terminan repitiendo patrones alimenticios, en mi caso concreto consumo mucha leche y fideos de arroz, hace algunos años era la reina del atún de lata y de las salchichas de pavo dos cosas que ahora no soporto comprar, bueno el atún si, pero las salchichas no, no y no.

No sé por qué compro yogures no me gustan lo suficiente, a menos que sean de los de beber los yogures en casa siempre se caducan, por alguna razón insisto en seguir comprándolos a sabiendas de que pasarán semanas antes de decidirme a comerme alguno, ríos de tinta y cientos de conversaciones se han creado acerca de mi “manía de comprar yogures y comérmelos caducados”.

¿Por qué compro yogurt?

Honestamente no lo sé, pero estas son las excusas que me invento: te soluciona las ganas de dulce con apenas unas calorías, está siempre fresquito y tampoco es una porción considerable, sirve como tentempié y hay que reconocer que: está “hasta” bueno, aun así, tengo el superpoder de dejar caducar los yogures, es comprar yogures e irremediablemente ver como se caducan en la nevera, recientemente me comí un yogur que tenia más de 100 días caducado -que ésos tres que están en la nevera eran de un pack de 12-, era completamente consciente de la fecha de caducidad pero decidí comérmelo igual, por un lado porque empecé a comerme los yogures cuando ya había pasado casi una semana de su fecha y por otro, porque había estado investigando y los yogures caducados en concreto no hacen daño, en mi investigación acudí por supuesto al doctor Google, pero también recurrí a un amigo ingeniero químico que justamente trabaja en una planta procesadora de lácteos, así que si no me fío de la palabra de San Google, pues de la de mi amigo me fío completamente, además un poco de sentido común: si los abres, no están verdes y te saludan pues están buenos y si están malos pues te dan diarrea y dos kilos que te quitas, si al final son todo ventajas.

¿Por qué se me caducan los yogures?

Verdad no lo sé, yo los compro con ilusión porque por mucho que la gente que me conoce diga que no me gustan, si que me gustan, lo que pasa es que nunca encuentro un momento para comérmelos, sé que es tontería pero me pasa, compro la docena que te venden en el super y los monto en la balda de arriba de la nevera junto a las frutas para verlos lo primero, aun así  cuando quiero comerme algo siempre ganan las frutas, van pasando los días y los yogures se siguen perpetuando en la nevera, se acaban las frutas y en lugar de empezar con los yogures me voy al super y las repongo, mientras tanto los yogures siguen ahí, expectantes, he pensado en no volver a comprarlos, porque en lo que llevo de soltera no recuerdo haberme comido un yogur dentro de la fecha de consumo, todos absolutamente todos me los he comido caducados durante los últimos tres años, me he planteado no comprarlos, pero es llegar a la sección de lácteos y mi mano de dirige sola a los yogures, es superior a mi, no me imagino mi nevera sin yogures: caducados o no, simplemente los yogures son parte de mi, por eso tampoco los tiro, me los como así sea pasados de fecha, por un lado porque no está la economía para ir tirando comida y por otro porque… no sé por qué.

El asunto del yogur se me ha quedado rondando en la cabeza y no he podido más que pensar en cuántas cosas seguimos conservando a pesar de tener clarísimo que están caducadas, de cuántas cosas dejamos caducar por el miedo a tirarlas, y de cuántas cosas más no tiramos, no usamos, pero nos negamos a que caduquen, a reconocer que ya no son aptas para el consumo, que ya no nos hacen bien. Yo por ejemplo tengo amistades caducadas de hace tiempo, bueno, cualquiera que tenga un perfil de Facebook puede saber a que me refiero: gente que es un fantasma en tu vida, compañeros de colegio que en un principio agregaste porque te hacia ilusión saber qué habría sido de ellos, se convierten en las  primeras personas a las que les bloqueaste las actualizaciones de estado, que no permites que vean tus fotos, que están ocultas pero que están, y me pregunto: ¿por qué no simplemente dar al botón de eliminar amigo?, personalmente hago “selección de personal” en Facebook cada dos o tres meses, hace un tiempo, llegué a tener unos mil “amigos”, todos eran personas que conozco, todas eran personas que en su momento aprecié y que fueron parte importante de mi vida, pero ni siquiera el diez por cien continúan en mi actual lista, he aprendido a ser más selectiva y ya no voy aceptando solicitudes a diestra y a siniestra, la gran mayoría eran personas de mi vida estudiantil, gente con la que ya no tengo nada en común, los elimino sin dolor, ya que si con el tiempo no he mantenido el contacto por algo será, conservo amigos del instituto y de la Facultad, así como la suerte de conservar una amistad desde hace 35 años, pero lo de los amigos obligatorios de Facebook me supera, me niego en rotundo,  no juzgo a quien tenga “un millón de amigos” pero creo que es simplemente inviable, que muchas de esas relaciones están caducadas y nadie se atreve a sacarlas de la nevera y tirarlas, así que simplemente compran fruta nueva por si hay antojo de dulce y dejan las amistades-yogures ahí, solo por la tranquilidad que da el saber que están y que puedes tirar de ellas si necesitas un poco de dulce a deshoras.

Luego las relaciones amorosas, en esas si que estoy completamente convencida que las guardamos en la nevera para hacer lo posible para que alarguen su vida útil, las metemos “en frío” y ahí las dejamos, quietecitas no sea que el movimiento altere sus propiedades, eso sí procuramos tocarlas de vez en cuando para sentir que todavía las tenemos, y perpetuamos amores que murieron hace meses solo por el temor a ser la primera en levantar la laminita de aluminio y ver que por dentro no hay más que moho verde que nos corroe, preferimos dejar que se siga pudriendo con la esperanza de lograr sacar penicilina de la putrefacción, y así con un poco de antibiótico, curarnos ese amor, que ya no es más que un ente vacío con un electroencefalograma plano al que nadie tiene el valor de desconectarle el respirador, no sea que por un milagro de esos que pasan por la tele, empiece a haber sinapsis en donde no hay más que conexiones seccionadas.

Los amores caducados son los más difíciles de reconocer porque claro, tu no lo ves, después de todo, nos convencemos a nosotros mismos que tampoco pasa nada, que es una racha, que todos pasamos por eso, y luego claro: se llenan silencios con comentarios de la tele, con salidas con amigos en los que cada vez somos más desconocidos, pero como estamos rodeados de gente feliz que nos ve felices intentamos perpetuarnos para ver lo que otros al parecer ven en nosotros, y empezamos a actuar con tanta facilidad que hasta nos convencemos a nosotros mismos y cada cierto tiempo recibimos un Goya mental por nuestro coprotagonismo en la historia de nuestra propia vida; hay muchos tipos de amor caducado que se niega a reconocerse, hablo por mis propias caducidades, pero también por las de mis amigas, por la insistencia que mantenemos a flote en una barca que se hunde, no tengo muy claro en por qué decidimos comer caducado en lugar de arriesgarnos a comprar, o a no comprar, al parecer ésta ultima opción es la peor, pero no lo comprendo, después de todo lo caducado tarde o temprano hiede, pero es que esperamos hasta el último momento para levantar la tirita y descubrir con horror que lo que fue una heridita se ha gangrenado y ya es imposible salvar lo que durante tanto tiempo se escondió, yo creo que es el miedo a no tener, al parecer es preferible “el malo conocido, que el bueno por conocer” y pues NO, siempre mejor el bueno por conocer, o el bueno por no conservar.

En éstos últimos meses he tirado muchos yogures emocionales, hasta he tirado algunos en fecha, porque no tiene sentido conservar por conservar lo que a otra le vendría bien, he aprendido por fin a seleccionar y ya no me quedo con las cosas por temor a no tener ninguna, por fin he aprendido que no pasa nada si no pasa nada y que hay que aprender a esperar porque las cosas con prisas nunca han sido buenas, que lo que tenga que venir: vendrá.

Mañana prepararé una tarta y me comeré los tres yogures, lo prometo.

——
Éste post es parte de la saga #PostReciclados,
el original se publicó hace más de 3 años en mi otra web,
siguen siendo ciertas cada una de sus palabras.

Al borde de la piscina me senté y lloré.

llorar

Tengo una lesión deportiva, los que me seguís por Twitter  estaréis hartos de leer al respecto, me habéis apoyado cuando he estado mal y me habéis aconsejado desde el corazón, hoy vengo a contaros la historia completa.

La historia es la siguiente: llevo 19 meses arrastrando una lesión, hace dos años y medio que empecé el camino que me ha llevado a poder decir que he adelgazado sin dietas raras, pastillas ni tonterías: 23 kilos, un día sin más decidí que ya estaba bien de esconderme en mi gordura que iba a salir al mundo, que iba a adelgazar; como buena novata en ésto de los ejercicios, la dieta y el deporte, me puse en búsqueda y captura de equipo que me ayudase, en un principio no conseguí nada y decidí que podía empezar por lo básico: caminar, después de todo para caminar no se necesitan expertos y así empecé: saliendo todos los días unos minutos por las calles, casi tres meses después de caminatas intensas pensé que estaría bien empezar a correr y así lo hice, ya no podía parar, siempre escuchas a los corredores decir que es una actividad que engancha y yo no les creía, pues después de unas pocas semanas corriendo lo entendí todo, corría tres veces por semana y era feliz, no batía marcas, ni grandes ni pequeñas, pero era feliz, mis metas eran el coche rojo, o la cuesta del colegio, mis batallas eran pequeñitas, pero eran mías y las estaba ganando todas.

Al final encontré una ruta que me gustaba, eran siete kilómetros ida y vuelta, la ruta era hasta un parque que tiene una cuesta con un tramo de unos 150 escalones, así que lo que hacía era ir hasta el parque, darle dos vueltas y luego subir las escaleras dos veces antes de volver a casa, pues bien, un jueves por la tarde salí como si nada, sin pensar que ése jueves lo iba a estar recordando durante meses, salí y di dos vueltas al parque, salí y subí dos veces el tramo de escaleras, en los últimos escalones el pie me falló y caí, caí casi 10 escalones hasta casi perder el conocimiento, era incapaz de levantarme, ni siquiera era capaz de sentarme, algunos paseantes me ayudaron y ya sentada en un banco un taxi y a urgencias, en el hospital me hicieron una placa, me dieron puntos en las muñecas, las rodillas y me enviaron a casa con antiinflamatorio y un diagnostico de esguince, no repararon en que en ése mismo mes me había atropellado un coche e igual el pie me falló porque anteriormente también había pasado de mí (de éso hablaré en otro momento que hoy no tengo fuerzas). Ocho días después la inflamación no cedía, quince días después el dolor no menguaba, dos meses después empecé a no poder dormir del dolor, desesperada le insistía a mi médico que ésto no podía ser normal, que para un esguince ya había pasado mucho tiempo y que yo no veía mejoría ninguna, ante su negativa y su reticencia de enviarme a un especialista empezó mi viaje paralelo, por un lado el viacrusis de recorrerme clínicas de fisioterapia, de probar cuanto método me decían que funcionaba y por otro, el de lograr que me viera un especialista, casi cuatro meses después de la lesión y porque tengo amigos que mediaron por mi, me vio un rehabilitador, me hizo otra placa y era casi igual a la original, así que como muchas lesiones no se ven en las placas decidió que lo mejor era iniciar otras terapias, me mandó durante el primer año casi 100 sesiones de terapia: manual, eléctrica, térmica, cinestésica, láser, infrarojos , ultrasonido, hidroterapia, lo probé TODO, todo fallaba, el dolor no remitía, empecé a sentir descargas eléctricas que me recorrían la pierna entera, el dolor me llegaba hasta la cintura, para ése momento ya me había olvidado lo que era llevar otra cosa que no fueran zapatillas de deporte, creía que iba a enloquecer, para ser honesta creo que la Rehabilitadora también pensaba que estaba loca, porque yo no podía especificar claramente en dónde tenía el dolor, además para haber sido un esguince me dolía demasiado la parte interna del pie y eso no cuadra mucho, de no ser por los evidentes síntomas físicos, creo que me hubiera dado el alta muchísimo antes.

Cuando la lesión cumplió año y medio decidió que ella no podía hacer más por mi y pasó mi caso a otro a ver si otros ojos podían ver lo que a ella se le estaba pasando, me hicieron una sesión clínica y entre varios médicos me sometieron a más pruebas, por fin tuve un diagnóstico, por fin sabía que no me estaba volviendo loca, es que es muy difícil poder decir en dónde te duele si lo que te duele es todo el pie, si, volví a la casilla de salida en lo que a la rehabilitación se refiere, pero ya sabía qué tenía, os lo cuento:

En el pie del esguince tengo, según las imágenes:

– Múltiples cicatrices de ruptura de los ligamentos.

– Nueve edemas óseos en astrágalo y navicular.

– Tendinitis de peronéos.

– Neruopatía del sural.

– Lesiones osteocondrales en todo el tobillo.

Y en el pie “bueno” terminé desarrollando:

– Fascitis plantar que ha desembocado en espolón calcáneo.

– Tendinitis de peronéos.

– Metatarsalgia.

– Lesiones por sobrecarga, ironías de la vida: al intentar no cargar mucho un pie, terminé “cargándome el otro”.

– Otra por definir, porque aún no tengo imágenes diagnósticas pero las mismas descargas eléctricas que tengo en el pie de la lesión las estoy teniendo en el pie “bueno”.

He vuelto a empezar la terapia: después de semanas de reposo, medicación, fisioterapia y terapia magnética me dejan volver paulatinamente al deporte, me dejan hacer hasta kilómetro y medio de piscina a la semana (lo que yo hacía por sesión) y hasta 15 kilómetros semanales en bicicleta siempre que sea en una bici estática y sin ningún tipo de resistencia, la bicicleta en la calle está más que prohibida, he vuelto a las bandas elásticas y me he apuntado a clases de trx que se puede hacer sentado para así fortalecer otros grupos musculares mientras tanto;  volví a la piscina el jueves y después de sólo 25 minutos tuve que salirme porque el dolor era insoportable, me dije que no pasaba nada y que ya volvería el sábado, pues bien: ayer emocionada y después de las 48 horas de descanso reglamentario me planté en el gimansio, diez minutos después estaba sentada en el borde de la piscina llorando desconsolada, la gente me miraba sin saber qué decirme y el monitor me abrazó sin pronunciar palabra, estuve llorando lo que me pareció una eternidad, lloraba de rabia y de frustración, lloraba de dolor y de impotencia, lloraba de cansancio; ya no sé cuánto tiempo estuve sentada en el borde de la piscina, solo sé que cuando me levanté estaba harta y dispuesta a abandonar todo, estaba dispuesta a gritarle al mundo que había ganado, que por fin había logrado romperme, que estaba tocada y hundida, que había demostrado que yo no era fuerte, que por favor me dejara en paz. Esta lesión me ha quitado todo, me quitó de correr, de nadar, de la bicicleta, me quitó de ponerme vestidos, de usar otra cosa que no sean zapatillas de deporte, me ha quitado noches enteras, salidas con mis amigos, paseos por el parque, me lo ha ido quitando todo, hay días en que me comparo con mis amigas, las que son madres y ya me veo enseñando las fotos de las resonancias como si de hijos se tratara, esta lesión se llevo nueve de los kilos que ya había bajado, por eso son 23 y no 32 como eran hace un año, esta lesión me tiene harta.

Salí del gimnasio y me puse el mp5, como el destino es así sonaba ésta canción y me hundí si se puede un poco más, pero como la música también tiene sus giros, la canción que le seguía me ayudó a ver el mundo de otra manera, me recordó que todo puede mejorar, que he perdido esta batalla, pero que está en mis manos continuar luchando, os dejo la versión subtitulada -por si como yo: no sabéis Islandés-.

 

Así que cuando me harté de llorar me decidí a volver a la carga, por lo pronto y en vista de que las bicis del gimnasio aún  bajándolas al mínimo me quedan todas muy altas, me he comprado esto y planeo dejar de llorar a partir de: YA.

tacx

 

De sujetadores y bodas.

suejtador

 

No me gustan las bodas, ya está lo he dicho, no me gusta que me inviten a actos sociales en los que requiera ponerme ropa de señorita, meterme en un vestidaco, ponerme si o si tacones, pasarme horas tratando de domar el pelazo y maquillarme, son cosas que me dan una pereza enorme, mis amigas se casan, me invitan, yo me alegro muchísimo por ellas, pero me alegraría más si no me invitaran.

No es por supuesto que sea una desagradecida y que quiera vivir en una cueva ni nada por el estilo, es que no me gustan las bodas, así en general, no me gustan las bodas como no me gustan los bautizos, en las bodas los novios tienen muchísimas obligaciones, tantas que a veces no les ves ni disfrutar de su propia celebración, solo los ves saludar y saludar, y en los bautizos el homenajeado ni se entera, ¿y entonces por qué sigo a yendo a ellas a sabiendas de que las detesto? pues porque mis amigas me invitan y yo quiero compartir un poco de su felicidad, que el que yo ahora mismo no quiera marido ni hijos, no hace que no me alegre cuando mis amigas encuentran hombre de su vida y traen al mundo churumbeles, lo que me gustaría es que dejaran de invitarme, ¿qué fue de las bodas intimas?

Que no, que no, que no soy un Grinch de las bodas, ni me visto como marimacho, pero os cuento lo que pienso cada vez que me invitan a una boda: ponerse tacones, buscar sujetador; dos de las cosas que más detesto en el mundo, ¡si hasta estudié una carrera que me permitiera ir en zapatillas de deporte todos los días por el amor de Dios! algún día os contaré lo de la lesión deportiva que arrastro hace casi dos años y que me ha impedido desde entonces llevar otra cosa que no sean deportivas, otro día os cuento cómo abro casi a diario el armario solo para ver los zapatos que no me puedo poner, de como los miro con tristeza y vuelvo a cerrar la puerta despacio antes de ponerme a llorar a mares, algún día me veréis con zapatos de señorita, por lo pronto, según mi traumatóloga: durante por lo menos unos seis meses más, lo de los zapatos no es negociable.

Pero esta historia, no va de zapatos, va de sujetadores, de sujetadores que no logro conseguir: otra cosa que no me gusta es la ropa interior blanca, si hija si, especialita que es una, el caso es que no tengo absolutamente nada en blanco, pues bien, a sabiendas de éso para la boda de una amiga que se celebró en el verano, me decidí como no, a usar un vestido que requería un sujetador blanco,  pensé que tampoco pasaba nada, si tengo un montón de sujetadores de colores, encontrar uno blanco iba a ser pan comido, en mi ideario rezaban frases como: eso es sólo cuestión de ir a una corsetería y pillarme el primero en el que me entrara, después de todo hasta las señoras mayores llevan sujetadores blancos: craso error, durante quince, si QUINCE DÍAS, estuve probándome sujetadores hasta el hastío, encontraba mi talla -que eso ya es de agradecer- pero no encontraba la copa, o todos copas A y B o directamente F, G, H, vamos que para tetichiquitas y teticamión, ¿y el resto qué? yo llevo una D y no hubo manera, fui al Corte Inglés que siempre me ha salvado de buscar y nada, que allí todos pequeños, fui al Women Secret más que nada a saludar a la dependienta, porque ahí ni talla ni nada, fui a Corseterías de barrio, a grandes almacenes, a tiendas de tallas grandes, y hasta a un sex shop al que voy a veces y que siempre tienen talla, pues NADA, resulta que en las Corseterías que si hay talla y copa, suelen ser sujetadores tipo señora mayor, pero claro es que los de señora mayor no tienen sujeción están ahí como puestas por el Espíritu Santo para que sea él quien las sujete y pues yo casi que necesito algo más que me las ponga en su sitio, porque vamos el concepto “sujetador” debería como menos: sujetar.

Durante los dichosos quince días que estuve buscando sujetador blanco me compré tres de diferentes colores, al final exhausta decidí pedirle a una amiga un vestido prestado y ponerme uno de los sujetadores que había comprado y que me quedaba fenomenal, quince días de mi vida perdidos que jamás recuperaré y ¿para qué? para ir a la iglesia monísima, ver a mi amiga durante menos de una hora, subirme a un taxi y volver a casa para por la noche tener que llamar al fisio de urgencia porque no me cabían los pies ni en las deportivas, haber retrasado -en palabras de la traumatóloga- “tranquilamente un mes” la recuperación de mi lesión y ni siquiera haber disfrutado la boda como debería ser, mi amiga vale con creces el sufrimiento que me acarreó ponerme zapatos para su boda, pero amigas mías que faltáis por casaros: o aceptáis que a vuestras bodas y a los bautizos de vuestros churumbis voy a ir en un zapato que me pueda poner sin tener que pasar después por urgencias, o directamente dejar de invitarme a los bodorrios, yo os lo agradezco y me alegro por vosotras, pero en palabras de Lola Flores.

simequereis