Al borde de la piscina me senté y lloré.

llorar

Tengo una lesión deportiva, los que me seguís por Twitter  estaréis hartos de leer al respecto, me habéis apoyado cuando he estado mal y me habéis aconsejado desde el corazón, hoy vengo a contaros la historia completa.

La historia es la siguiente: llevo 19 meses arrastrando una lesión, hace dos años y medio que empecé el camino que me ha llevado a poder decir que he adelgazado sin dietas raras, pastillas ni tonterías: 23 kilos, un día sin más decidí que ya estaba bien de esconderme en mi gordura que iba a salir al mundo, que iba a adelgazar; como buena novata en ésto de los ejercicios, la dieta y el deporte, me puse en búsqueda y captura de equipo que me ayudase, en un principio no conseguí nada y decidí que podía empezar por lo básico: caminar, después de todo para caminar no se necesitan expertos y así empecé: saliendo todos los días unos minutos por las calles, casi tres meses después de caminatas intensas pensé que estaría bien empezar a correr y así lo hice, ya no podía parar, siempre escuchas a los corredores decir que es una actividad que engancha y yo no les creía, pues después de unas pocas semanas corriendo lo entendí todo, corría tres veces por semana y era feliz, no batía marcas, ni grandes ni pequeñas, pero era feliz, mis metas eran el coche rojo, o la cuesta del colegio, mis batallas eran pequeñitas, pero eran mías y las estaba ganando todas.

Al final encontré una ruta que me gustaba, eran siete kilómetros ida y vuelta, la ruta era hasta un parque que tiene una cuesta con un tramo de unos 150 escalones, así que lo que hacía era ir hasta el parque, darle dos vueltas y luego subir las escaleras dos veces antes de volver a casa, pues bien, un jueves por la tarde salí como si nada, sin pensar que ése jueves lo iba a estar recordando durante meses, salí y di dos vueltas al parque, salí y subí dos veces el tramo de escaleras, en los últimos escalones el pie me falló y caí, caí casi 10 escalones hasta casi perder el conocimiento, era incapaz de levantarme, ni siquiera era capaz de sentarme, algunos paseantes me ayudaron y ya sentada en un banco un taxi y a urgencias, en el hospital me hicieron una placa, me dieron puntos en las muñecas, las rodillas y me enviaron a casa con antiinflamatorio y un diagnostico de esguince, no repararon en que en ése mismo mes me había atropellado un coche e igual el pie me falló porque anteriormente también había pasado de mí (de éso hablaré en otro momento que hoy no tengo fuerzas). Ocho días después la inflamación no cedía, quince días después el dolor no menguaba, dos meses después empecé a no poder dormir del dolor, desesperada le insistía a mi médico que ésto no podía ser normal, que para un esguince ya había pasado mucho tiempo y que yo no veía mejoría ninguna, ante su negativa y su reticencia de enviarme a un especialista empezó mi viaje paralelo, por un lado el viacrusis de recorrerme clínicas de fisioterapia, de probar cuanto método me decían que funcionaba y por otro, el de lograr que me viera un especialista, casi cuatro meses después de la lesión y porque tengo amigos que mediaron por mi, me vio un rehabilitador, me hizo otra placa y era casi igual a la original, así que como muchas lesiones no se ven en las placas decidió que lo mejor era iniciar otras terapias, me mandó durante el primer año casi 100 sesiones de terapia: manual, eléctrica, térmica, cinestésica, láser, infrarojos , ultrasonido, hidroterapia, lo probé TODO, todo fallaba, el dolor no remitía, empecé a sentir descargas eléctricas que me recorrían la pierna entera, el dolor me llegaba hasta la cintura, para ése momento ya me había olvidado lo que era llevar otra cosa que no fueran zapatillas de deporte, creía que iba a enloquecer, para ser honesta creo que la Rehabilitadora también pensaba que estaba loca, porque yo no podía especificar claramente en dónde tenía el dolor, además para haber sido un esguince me dolía demasiado la parte interna del pie y eso no cuadra mucho, de no ser por los evidentes síntomas físicos, creo que me hubiera dado el alta muchísimo antes.

Cuando la lesión cumplió año y medio decidió que ella no podía hacer más por mi y pasó mi caso a otro a ver si otros ojos podían ver lo que a ella se le estaba pasando, me hicieron una sesión clínica y entre varios médicos me sometieron a más pruebas, por fin tuve un diagnóstico, por fin sabía que no me estaba volviendo loca, es que es muy difícil poder decir en dónde te duele si lo que te duele es todo el pie, si, volví a la casilla de salida en lo que a la rehabilitación se refiere, pero ya sabía qué tenía, os lo cuento:

En el pie del esguince tengo, según las imágenes:

– Múltiples cicatrices de ruptura de los ligamentos.

– Nueve edemas óseos en astrágalo y navicular.

– Tendinitis de peronéos.

– Neruopatía del sural.

– Lesiones osteocondrales en todo el tobillo.

Y en el pie “bueno” terminé desarrollando:

– Fascitis plantar que ha desembocado en espolón calcáneo.

– Tendinitis de peronéos.

– Metatarsalgia.

– Lesiones por sobrecarga, ironías de la vida: al intentar no cargar mucho un pie, terminé “cargándome el otro”.

– Otra por definir, porque aún no tengo imágenes diagnósticas pero las mismas descargas eléctricas que tengo en el pie de la lesión las estoy teniendo en el pie “bueno”.

He vuelto a empezar la terapia: después de semanas de reposo, medicación, fisioterapia y terapia magnética me dejan volver paulatinamente al deporte, me dejan hacer hasta kilómetro y medio de piscina a la semana (lo que yo hacía por sesión) y hasta 15 kilómetros semanales en bicicleta siempre que sea en una bici estática y sin ningún tipo de resistencia, la bicicleta en la calle está más que prohibida, he vuelto a las bandas elásticas y me he apuntado a clases de trx que se puede hacer sentado para así fortalecer otros grupos musculares mientras tanto;  volví a la piscina el jueves y después de sólo 25 minutos tuve que salirme porque el dolor era insoportable, me dije que no pasaba nada y que ya volvería el sábado, pues bien: ayer emocionada y después de las 48 horas de descanso reglamentario me planté en el gimansio, diez minutos después estaba sentada en el borde de la piscina llorando desconsolada, la gente me miraba sin saber qué decirme y el monitor me abrazó sin pronunciar palabra, estuve llorando lo que me pareció una eternidad, lloraba de rabia y de frustración, lloraba de dolor y de impotencia, lloraba de cansancio; ya no sé cuánto tiempo estuve sentada en el borde de la piscina, solo sé que cuando me levanté estaba harta y dispuesta a abandonar todo, estaba dispuesta a gritarle al mundo que había ganado, que por fin había logrado romperme, que estaba tocada y hundida, que había demostrado que yo no era fuerte, que por favor me dejara en paz. Esta lesión me ha quitado todo, me quitó de correr, de nadar, de la bicicleta, me quitó de ponerme vestidos, de usar otra cosa que no sean zapatillas de deporte, me ha quitado noches enteras, salidas con mis amigos, paseos por el parque, me lo ha ido quitando todo, hay días en que me comparo con mis amigas, las que son madres y ya me veo enseñando las fotos de las resonancias como si de hijos se tratara, esta lesión se llevo nueve de los kilos que ya había bajado, por eso son 23 y no 32 como eran hace un año, esta lesión me tiene harta.

Salí del gimnasio y me puse el mp5, como el destino es así sonaba ésta canción y me hundí si se puede un poco más, pero como la música también tiene sus giros, la canción que le seguía me ayudó a ver el mundo de otra manera, me recordó que todo puede mejorar, que he perdido esta batalla, pero que está en mis manos continuar luchando, os dejo la versión subtitulada -por si como yo: no sabéis Islandés-.

 

Así que cuando me harté de llorar me decidí a volver a la carga, por lo pronto y en vista de que las bicis del gimnasio aún  bajándolas al mínimo me quedan todas muy altas, me he comprado esto y planeo dejar de llorar a partir de: YA.

tacx