De llantos y aprendizajes.

“¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida,

cómo seguir adelante cuando en tu corazón empiezas a entender que no hay regreso posible

que hay cosas que el tiempo no puede enmendar,

aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz?”

Frodo Bolson- Extracto “El Señor de los Anillos”.

Estuve durante años en una relación destructiva, tarde varios meses en darme cuenta pero cuando abrí los ojos me fue imposible continuar. Si: yo fui “la amiga de una amiga” de la que siempre se habla cuando no queremos hablar demasiado, ésa amiga que todos conocemos pero que nadie se atreve a pronunciar su nombre tres veces no vaya a ser que el sufrimiento sea contagioso o que se invoque como a un Beetlejuice de la tristeza, yo estuve en una relación destructiva. Leía hoy un ¿artículo? acerca de que las mujeres nos perpetuamos en relaciones destructivas porque preferimos el placer momentáneo que nos suponen sus pequeños instantess y no vemos el riesgo que corremos, que nos matan porque queremos, porque somos incapaces de ver más allá de nuestras necesidades fisiológicas y seguimos aguantando hasta que nos matan, que es todo culpa nuestra y no sé cuántas tonterías más ¡tócate los pies! mira, es que ni lo enlazo porque no se va a llevar ni una visita de mi parte.

No todas las relaciones destructivas implican violencia física, la mía no la tuvo y fue quizás el motivo por el que tardé años en darme cuenta de que estaba en una, a mi jamás me han pegado y aún así he tenido herida el alma, años después sigo intentando cicatrizar una herida que se reabre por momentos, durante años estuve en una relación en la que me perdí, en la que se me anuló como persona y en la que vivía para ser la pareja de otro, perdí mis gustos, mis aficiones, algunos amigos, me hice pequeñita para que otro pudiera sentirse grande, puse en pausa mi vida para que otro no se sintiera mal con mis logros, dejé de preocuparme por mi misma, dejé de nadar, de estudiar, de salir a pasear, olvidé el teatro clásico porque a mi pareja le parecía una chorrada pagar por ver actores en vivo, dejé de ir a museos porque “¿qué sentido tiene estar minutos delante de un cuadro?, dejé los conciertos porque “un dineral cuando sale más barato el cd”, dejé los libros porque “qué pereza cuando en la tele dan la que se avecina”, dejé el cine en versión original, las películas que me gustaban, dejé el cine en si mismo porque “no voy a pagar por algo que puedo ver en casa y mucho menos en otro idioma”, dejé mi búsqueda de crecimiento personal porque desparecí de mi y ya no merecía la pena buscar nada, me era tan desconocida que de haberme mirado en el espejo me habría hablado de usted.

Hay cosas que nos pueden pasar a cualquiera, las relaciones de abuso son una de ellas, es increíble pero hay gente, yo incluida,  que no se da cuenta de que está en una hasta que ya es demasiado tarde, me veo a mí misma con el prisma del ayer y me descubro enumerando todas las frases y comportamientos que me hubieran alarmado en mis amigas, y que no supe ver conmigo como protagonista, no me di cuenta cuando me cercaron, no me di cuenta cuando me rendí.

¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida? 

Yo lo hice el día en que volví al cine, la película fue “The Martian” pero bien podría haber sido cualquier otra, recuerdo despertarme un día con la necesidad imperante de dejar de hundirme en mi propia mísera…fui al cine, jamás podré olvidar la sensación, era como abrazar a un viejo amigo al que habías perdido la pista pero en el que jamás habías dejado de pensar, recuerdo llorar de alegría porque empezaba de nuevo a ser aquella que creía haber perdido, a partir de ése día cambié mis ríos de tristeza por lloviznas de felicidad, a partir de ése día volví a ser feliz, the martian fue sólo la primera puerta que se abría, que la película mostrara las aventuras de un hombre que se negó a dejarse vencer aún cuando estaba completamente solo al ser literalmente el único habitante del planeta era sólo un hermosa analogía, yo por supuesto jamás he estado sola, pero una relación así te hace reconsiderartelo, puedes estar muy solo rodeado de infinidad de personas, a partir de ése día cambié comportamientos negativos que había estado perpetuando por pura costumbre, dejé de callarme todo lo que pienso, de pedir permiso para ser feliz. Después de ése día he llorado y ¡vaya si he llorado! por supuesto he tenido otras relaciones que aunque también terminaron no me hirieron, he vuelto como no a llorar de desamor, pero jamás he vuelto a llorar de desesperanza.

El tiempo no lo cura todo, es evidente puesto que a día de hoy estoy escribiendo ésto, lo que si me ha dado el tiempo es la perspectiva y el aprendizaje que me permitirá jamás volver a cometer ese mismo error, hace años que solo cometo errores nuevecitos -que esos también merecen la pena- lo que me ha dado el tiempo ha sido el valor de sacudirme mis temores, mis prejuicios y seguir adelante, lo que me ha dejado el tiempo es una herida que aunque ha sanado del todo vuelve a doler con los cambios bruscos de temperatura.

Hoy hace frío y me duelo, por fin han llegado las lluvias y con ellas un otoño que parecía no querer venir, hoy he llorado porque llovía y he imaginado la lluvia apagando incendios no metafóricos, hoy he sido feliz porque llovía, y mientras caminaba bajo la lluvia susurraba por lo bajito: “A mí, que no me quiten lo llorado”.

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De clicks y resurreciones.

Recién decimos adiós a la Semana Santa -los que seáis católicos-, a la inundación de torrijas -los que no seáis celiacos y alérgicos al huevo y leche-, así que no encuentro un mejor momento para hablar de la resurreción, de mi resurreción por supuesto. ¿Ah, que crees que sólo ha habido una resurreción?, pues siéntate que te cuento.

Resurreciones hay para dar y convidar, no me mires así que no se me ha ido ningún tornillo (menos ahora que tengo algunos de repuesto) lo que pasa es que hay una muy famosa y claro a los resurrectos de a pie no nos queda otra que contarlo en un blog. Empecemos por lo básico: jamás he estado muerta. Que tu dirás menuda obviedad, pues mira por donde va a ser que no.

Lo que te voy a contar me ocurrió hace cosa de tres años pero ha renacido nuevamente esta semana porque me he topado de nuevo con mi parca particular y pues nada, que aquí te lo cuento:

Ya he hablado hasta la saciedad de mi lesión de tobillo -te adelanto que por fin me operaron así que igual ya casi te dejo en paz con el tema, aún no que estoy en rehabilitación, pero no pierdas la fe que igual ya callo algún día- pues bien, el día que me caí muy a mi pesar no me dieron la baja así que seguí trabajando como una campeoQUEJANDOME TODOS LOS DÍAS hasta que pasados dos meses me hicieron una placa y ahí se abrió la veda de todas las bajas que vendrían. Ahí estaba yo con mi informe de urgencias dirigiéndome a mi centro de salud mientras un coro celestial me acompañaba, si si ése coro celestial que sólo actúa en momentos determinantes de tu vida: cuando conoces a tu gran amor, cuando llegas a casa y haces pis después de llevar aguantando media hora y haber esquivado a la vecina cotilla, cuando te llega un correo ofreciéndote una preventa de entradas al 70%, o cuando por fin después de estar insistiendo en que te dolía el pie te hacen una prueba de imagen y te dicen que si, que no te lo estás inventando, que la lesión está ahí, que ha estado siempre, que no estás loca, que te salvas de los antipsicóticos; estoy en la consulta de mi doctora de cabecera viendo a la mujer resoplar, a cada pff me entraban los microinfartos, así que la mujer al verme agobiada me mira en plan noviete y me dice algo que me sonó mucho a un: no eres tu, soy yo…soy yo que no te puedo dar la baja. Había un problema informático y yo ya aparecía de baja así que no me podía dar una baja nuevamente, tenía una baja abierta de hacía unos meses, la doctora venga a llamar al INSS, a los informáticos, a los administrativos, a algún cuñado de ésos a ver si se solucionaba el problema pero nada, tendría que ir personalmente a la Seguridad Social para que me solucionaran el asunto y volver durante la misma mañana para poder darme la baja.

Haciendo kilómetros.

Me voy a la oficina de la Seguridad Social más arrastrándome que caminando, le cuento mi vida a la administrativa, me dice que no se la cuente, que mejor se la cuente a algún administrativo de la Tesorería porque efectivamente yo aparezco de baja, después de un buen rato tratando de que la mujer me dijera algo coherente termino yéndome hacia la Tesorería -del otro lado de la ciudad- para volver a contarle mi vida, primero al vigilante de seguridad -que esto da para otros 400 post- y luego a no solo uno sino a tres administrativos diferentes que terminaron, como no: remitiéndome de nuevo a la oficina de la Seguridad Social porque el asunto era de su competencia al ser ellos quienes tramitaban las bajas; vuelvo a la oficina del INSS, me vuelven a decir que tururú que me pase por el Centro de Salud y que ellos me den el alta para poderme dar la baja, me regreso al Centro de Salud, mi doctora me entrega un pantallazo en donde se ve claramente que no está habilitada la casilla de alta y por ende no me la pueden dar -recordemos que me pretenden dar un alta por una baja inexistente-.

Me regreso al INSS me imprimen mil folios con toda mi historia médica, me vuelven a mandar a la Tesorería porque habían hablado con nosequién y nosequién era el único que podría solucionarme el problema, según me iban hablando de yonosequién me iba yo haciendo una imagen mental del tal yonosequién como si de un Morfeo español se tratase, él, dueño y señor de las pastillitas azules y rojas, el hombre del botón, YONOSEQUIÉN.

Yonosequién.

Voy de nuevo a la Tesorería, espero casi media hora para poder hablar con yonosequién después de contarle otra vez la historia de mi vida al vigilante de seguridad que me entrega un número y me indica una sala, espero, sale mi número y ¿qué es éso, un canto celestial a lo lejos? me encuentro frente a frente con yonosequién yo lo veo una persona normal pero igual son mis ojos de mortal que se bloquean al ver al semidios de las altas y las bajas, el hombre ¡que digo hombre! el dios de las altas me mira paternal mientras con las lágrimas a punto de brotar le cuento mi vida, el hombre me contesta que igual lo del enamoramiento que tenía por ésa época va a ser que no me lo soluciona, pero que lo de la baja LO DE LA BAJA SI, que para éso era yonosequién.

Sus dedos se mueven veloces por teclado, solo me da rápidas miradas para preguntarme fechas, nombres, yo respondo lo más rápido posible, con respeto, con ansia si cabe hasta que la veo ¡la veo! es una microexpresión pero la veo, se vienen a mi mente las clases de comportamiento, mis primeros años de carrera, la voz del profesor de neuro, yonosequién no ha dicho una palabra, pero yo ya me he derrumbado.

No sé cómo decirte esto.

Yonosequién me mira, me pide de nuevo mi documento de identidad, mira la foto, vuelve a la pantalla, recibe una llamada que contesta sólo con monosilabos, al final toma aire y me dice: “mira la verdad es que no sé cómo decirte esto pero efectivamente estás de baja, en algún momento te han dado la baja, la baja como FALLECIDA”. Mi cara ha debido ser un poema pero yonosequién estaba dispuesto a llegar hasta el final con mi asunto, ya que lo del enamoramiento no me lo solucionaba no me iba a dejar a medias con lo de la baja, empezó a indagar y pasados casi veinte minutos concluyó que lo que había pasado era que cuando me nacionalicé y por ende cambié mi número de identificación del extranjero (NIE) por el documento nacional de identidad (DNI) algún administrativo al darme la baja como extranjero en el sistema informático en la casilla de motivos de baja puso fallecimiento -lo que viene siendo darme de baja pero bien-.

A pesar de haberme nacionalizado casi dos años atrás el error no había salido a la luz porque no suelo ir al médico -bueno soler soler, ahora no sé qué decirte- pero el caso era que al no haber cambiado mi número de la seguridad social y como lo de las bajas, las cotizaciones y la atención médica son competencias diferentes dentro de la misma entidad y al no haber requerido jamás una baja laboral pues nadie se había dado cuenta razón por la cual seguía cotizando -aunque muerta-. Yonosequién me remitió de nuevo al INSS ya con una carta y otros varios pantallazos que notificaban el error y con indicaciones acerca de lo que se tenía que hacer para subsanarlo, se comunicó con su equivalente yonosequién2 en el INSS y para allá que me mandó.

Estoy viva, ¿no me ves?

Vuelvo por millonésima vez al INSS, le cuento mi vida al vigilante de seguridad -¿vas identificando el patrón?- cuando por fin logro hablar con yonosequién2 me dice que el no me puede hacer nada porque yo estoy fallecida FA-LLE-CI-DA y el no tiene potestad para “resucitarme” -¿si me llamara Lázaro si?- así que me envía a la comisaría de policía para que me den un documento en el que especifique que mi NIE ha cambiado y que la persona se corresponde con mi DNI, -documento que yo ya había presentado en el INSS cuando me nacionalicé y que derivó toda esta diatriba- pero como el documento de conformidad caduca a los tres meses tendría que solicitar uno nuevo, que si, que yo llevaba razón, que si que se habían equivocado ellos, que si que lo reconocían pero que el trámite y los costes -porque no vayas a pensar ni por un segundo que todo el papeleo es gratis- va de mi bolsillo.

Salgo del INSS, voy en el autobús que me llevará hacia la comisaría y paso por una ferretería, veo el precio de las sierras manuales y pienso que igual me corto la pierna antes y termino de una vez con mi sufrimiento ya que a todas estas llevo dos días sin ir a trabajar y sin nada que justifique mi ausencia. Me planto en la comisaría y previo pago de las tasas me dicen que si que muy bien pero que el certificado de concordancia -que así se llama el documento en cuestión- no lo tendré hasta y con mucha suerte al día siguiente, llamo entonces a mi supervisor y me dice que o me presento al día siguiente o vaya a firmar las vacaciones, hubo un momento en el que me lo plantee ir a firmar las vacaciones, quedarme sin días pero estar por fin quieta que mi pierna ya había dejado de parecer un choripán a parecerse más a un brazo de gitano -si, esto lo estoy escribiendo con hambre- pero tampoco me parecía gastarme mis vacaciones porque no iba a estar por ahí, iba a estar en mi casa esta vez si muerta…pero del asco y pues no, mis vacaciones para mi.

De regreso en mi Centro de salud el inspector me dio un justificante temporal de baja, una baja manual que servía para ocho días mientras se me solucionaba el problema informático, aún así tendría que seguir contándole mi vida a los vigilantes de seguridad del INSS y de la Tesorería.

Usted dirá lo que quiera pero el ordenador pone…

Al día siguiente y con el certificado de concordancia en la mano me planté por millonésima vez en el INSS, el vigilante de seguridad al verme llegar me anunció como “la muerta” cosa que ya colmó el vaso de mi paciencia y decidí a no salir de ahí hasta solucionar el asunto, empecé como no, poniendo varias reclamaciones -vigilante de seguridad incluido- hasta que por fin pude hablar con alguien que no paraba de confirmar mi estado de defunción, la mujer no cesaba de comentarme que efectivamente yo coincidía con todo lo que decía pero que el ordenador ponía que estaba muerta, a punto estuve de llamar a mi madre para que le confirmara que yo era su hija y que efectivamente estaba viva; una mujer que llevaba los tres días escuchando en la sombra mi diatriba se apiado de mi y apoderándose de mi caso llamó a la central, habló con los informáticos, envió varios documentos y casi una hora después me revivía, no se lo puedo agradecer más.

De nuevo en el centro de salud y con el problema solucionado me dieron la baja con efecto retroactivo y pude por fin irme a casa, hacer estiramientos a lo circo del sol y poner el pie en la cabeza para ver si conseguía bajar la inflamación: un mes de baja y tres infiltraciones intraarticulares después me incorporé de nuevo al trabajo sin haber gastado mis vacaciones.

¿Y por qué me lo cuentas hasta ahora?

Sobre todo porque ya puedo contarlo sin enfadarme, pero porque mañana se me acaba el contrato y como de nuevo estoy de baja me han dicho que a partir del lunes he de presentar mis bajas en el INSS -ya que estando de baja no me renuevan…los beneficios de ser eventual – así que he tenido que ir a informarme, a contarle mi vida al vigilante de seguridad y a reencontrarme con mi parca particular.

Lo que me pregunto por un lado es ¿cómo esto puede pasar, es más común de lo que se piensa o soy yo que tengo una suerte curiosa? ¿es el destino que quiere que escriba más y por eso me pone en este tipo de situaciones? ¿por qué tanto el INSS como la Tesorería tienen vigilantes de seguridad que manejan el dispensador de turno y hay que contarles la vida para que le den a un botón y te entreguen un número cuando la máquina misma pone muy claro a qué botón hay que darle según lo que necesites?

Mi consejo es: no hay que morirse más que una vez porque revivir requiere mucho papeleo.

Feliz día, nos leemos pronto…o no, vaya uno a saber.

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The sintrom coming.

vejentud

Hace unas semanas fui a un concierto, lo pasé fenomenal -aunque no cantaran una de mis canciones favoritas y me sintiera un poco estafada- llegué temprano, me bebí un cóctel antes de que el grupo saliera al escenario, grité a pulmón herido cuando eran canciones de desamor, aplaudí hasta enrojecer mis manos, saltar…saltar no salté que me duele el tobillo, pero en general sentí que “lo dí todo”.

La apertura de puertas era a las a las 21 y ahí estaba yo a las 20:30 -que no sé si recuerdas pero éstos 1.50 cms, tienen que llegar siempre pronto porque es bien sabido que detrás de todo gran hombre estoy yo, tratando de ver el concierto- no sé si será el plus de experiencia conciertil pero en cuanto vi que había segunda planta y cámaras de televisión decidí instantáneamente que me pondría justo allí, por dos motivos: por un lado si había segunda planta vería perfectamente puesto que la “juventud” estarían todos a pie de escenario y por otro, porque la experiencia me ha enseñado que a los medios sólo les dejan grabar dos o tres canciones máximo, así que en cuanto se fueran tendría el camino libre para ponerme en primera fila, aún así lo comenté con el cámara y marqué mi territorio con un abrigo en la barandilla, el cámara en cuestión me saltó la perlita de la que deriva ésta diatriba: ¿te gusta éste grupo, no es muy ruidoso para alguien de tu edad?, ¿PEEERDONA, PERO CUÁNTOS APARENTO? estuve a punto de gritarle mientras le enseñaba el documento de identidad y le decía: venga llama, llama al trabajo a ver cuántas veces al día me preguntan que si estoy de prácticas, llama hombre ¡LLAMA DE UNA VEZ! se ve que no lo hice porque el chico me sonrió diciéndome por lo bajito que también le gustaba el grupo, que los había visto ensayar, no lo tiré ahí mismo por la barandilla porque seguro que me tocaba también a mi hacerle la RCP.

Aún así y aunque te lo reconozca a ti y se lo hubiese negado fehacientemente al cámara, un poco de razón no le falta, no en lo del grupo que a cada quien le gusta lo que le gusta, más bien en lo de la experiencia, la madurez y efectivamente, en lo que en teoría desentonaba en el conjunto de personas del concierto, uf si la media de edad serían los 24.

¡Ay! la vejentud.

De la vejentud hablo constantemente, ya te irás dando cuenta, hablo de ella porque me siento abanderada, creo que soy jóven, aunque muchos insistan en considerarme mayor. Para hacértelo corto te diré que estoy más cerca de los cuarentas que de los treintas y mira por donde: yo encantada. No te voy a mentir, hay ocasiones en las que me descoloco y me pregunto que qué estoy haciendo con mi vida, pero en general soy inmensamente feliz, tengo mis momentos como todo el mundo, pero siento que soy bastante más feliz que la mayoría de mis amigos de la infancia. Hace unos años me sacudí las expectativas y ahora respiro sin la carga que la mayoría de nosotros suele autoimponerse; no estoy casada, no tengo hijos, no tengo ni planeo comprar una casa o un coche, no compro cosas que no necesito, he estudiado toda mi vida y podría cobrar más trabajando en otra cosa pero mi trabajo me gusta así que no planeo dejarlo, trabajo para vivir porque hace años que dejé de vivir para trabajar, llevo una vida sencilla, no tengo cientos de bolsos o zapatos, pero me he visto miles de películas, obras de teatro y he ido a cientos de conciertos, a mi me compensa.

La última soltera.

Aún así hay días que me descoloco, para no ir más lejos la semana pasada, en un grupo de whatsapp de compañeras de la Facultad una soltó el bombazo de que se casaba por fin con su novio de ya no sé cuántos años ¿puedes imaginarte que en lugar de felicitar a Paola, que después de todo era la que se casaba, empezaron a recordarme que yo era la última soltera? Oígase bien: LA ÚLTIMA SOLTERA ¿cómo te suena? la última soltera, yo, yo solita, nadie más, yo soy la última soltera, conmigo se acaba todo, al parecer si la raza humana se extingue es por mi culpa, la de nadie más; yo venga a hablar de la boda de mi amiga y ellas venga a hablar de mi soltería y mi ausencia de churumbeles; eventualmente pasamos a otro tema pero el asunto duró lo suyo.

Cosas de la vejentud.

Hago cosas de vieja no te lo voy a negar, me levanto cada día más pronto para no ir con prisas por la vida y tener tiempo de desayunar antes de salir de casa, dejo preparada la ropa del día siguiente, desconozco un montón de palabros que al parecer son de uso super común, mi James Bond era Timothy Dalton, sé quien es Remington Steele, conocí a Neil Patrick Harris siendo “legendario”… pero de médico, caí en el engaño de Milli Vanilli, usé pantalón campana -aunque éso ahora es de modernos- tuve una infancia sin ordenador, teléfono móvil, más de tres canales de televisión, tuve varios microinfartos mientras esperaba que el locutor en la radio no hablara mientras sonaba mi canción porque tenía listo el cassette para grabarlo, sé usar un teléfono con dial de rueda, mi Michael Jackson era negro, tuve un Atari 2600, la lista es interminable.

No soporto las versiones –exceptuando ésta -casi ninguna me gusta, no entiendo por qué las hacen, si son para homenajear al cantante original ¿por qué le destrozan la canción?, recientemente tengo una relación de amor-odio con ésta, me la recomendaron y allí que fui a escucharla, al primer acorde sabes que no, luego le vas cogiendo cariño y hasta la canturreas en la ducha mientras haces tu concierto mañanero con el gel de ducha como único espectador, se te mete en el recorrido hacia el trabajo, pero en el fondo sabes que no, que no está bien y te oyes decir “es que hay que respetar lo original” por supuesto, todo esto lo tienes que decir mientras te pones una rebequita porque refresca y así no puedes ir al centro de salud para que te receten el sintrom.

Puede que en ocasiones se me alborote tontamente la vejentud, pero es porque la juventud se me está haciendo larga y la vejez no quiere siquiera asomar la cabeza, así que mi conclusión es: que vivas tu vida como quieras y que pases de convencionalismos, que sonrías a diario y cantes en la ducha, y por supuesto que de vez en cuando te tomes tu tiempo para vivir despacio, para charlar con amigos, sin prisas, sin obligaciones, como si fueras un jubilado, un jubilado de la obligación de vivir rápido y de ser el que más cosas acumule.

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Dejen vivir a Noviembre.

 

Año con año tengo la misma sensación de que nos estamos convirtiendo en mesecidas, mes que no nos gusta, mes que matamos, noviembre por supuesto es el mes “muerto” por excelencia, el pobre tiene que estar entre (halloween y navidad), ya lo sé me vas a decir que halloween es una fiesta Americana, pero qué quieres que te diga: va a ser que yo soy Americana y halloween lo llevo en la memoria (un poco menos en la vestimenta, ya que estamos confesando) pero no nos vamos a poner remilgados con el asunto, yo lo que quiero hoy es reivindicar el derecho de noviembre a vivir entero, de no ser un puente entre fiestas, no te haces una idea de cómo me ofende que se pase en calles, casas y comercios, de las máscaras y las calabazas a los Papás Noel, luces y árboles navideños, ¡pero es que así sin más! es empezar noviembre y empieza la navidad; no te equivoques me gusta la navidad como la que más, oigase bien: me encantan hasta las cenas de empresa, que eso ya es decir mucho, las luces me alegran las noches, el olor de las castañas me encanta, las castañas… ya no tanto, hasta la obsesión de la gente de hincharse a mazapanes y turrones me gusta, pero lo que no soporto es que año con año me maten a noviembre, a éste paso saltaremos de septiembre a diciembre, solo falta pasearse por los comercios que éste año y ante mi absoluta mirada de asombro pusieron los dulces navideños el 26 de SEPTIEMBRE, éstos son como los de la lotería, que no te sorprenda tampoco pero a mi me da que están planeando una lotería anual de navidad, porque los décimos bien que los ponen a la venta en JULIO.

 

¿Entonces para que existe noviembre te preguntarás?

 

He aquí unos datos novembrinos:
– A noviembre lo vienen intentando matar desde la época del calendario Romano, cuando como recordarás -porque está clarísimo que yo no lo tuve que buscar, no señor- eran solo diez meses y mi noviembre era por supuesto el número nueve, hasta que el Rey Pompilio sucesor de Romulo reformó el calendario añadiendo otros dos y así dividiéndolo en meses lunares.
– El Muro de Berlin cayó el 9 de noviembre de 1989, tomar nota porque ésta es una de las cosas que a uno le pueden preguntar: ¿y usted en dónde estaba cuando cayó el muro? yo en clase y recuerdo que la profesora encendió la tele para que pudiéramos ver cambiar la historia, ¡Ay, la de  veces que he visto cambiar la historia! casi la misma cantidad de veces que he “sobrevivido al fin del mundo”.
– El 11 de noviembre de 1918 fue el armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial.
– En noviembre de 1975, murió el dictador Español que tu y yo conocemos.
– En noviembre de 1945 se fundo la UNESCO.
– En noviembre de 1957 enviaron a Laika al espacio.
– En noviembre de 1922 descubren la tumba de Tutankhamon.
– En noviembre inicio la revolución en México, se independizó Panamá, y Brasil fue proclamada República.
– En noviembre son los días mundiales de: usabilidad, ciencia al servicio de la paz y el desarrollo, diabetes, tolerancia, EPOC, uso prudente de los antibióticos, industrialización de África, infancia, televisión, filosofía, espina bífida, eliminación de la violencia contra la mujer, solidaridad con el pueblo palestino, seguridad de la información  urbanismo, inventor, recuerdo a las victimas de accidentes de trafico, del niño, de no comprar nada, del hombre, de la música y recientemente me he enterado que el del soltero -este último espero que no sea una indirecta universal para mi, que te digo yo que mi abuela puede que haya llamado a todos los presidentes del mundo para crear el día y meterme presión, te lo digo de verdad-.
– En noviembre se celebra el día de todos los santos.
– En noviembre es temporada de: Trufas, nueces, uva negra, granadas, caqui, castañas, hongos, kiwi, limón  mandarina, mango, manzana, pera y plátanos y por supuesto de todos los frutos secos que nos mantendrán con energía para pasar el invierno.
– En noviembre se entregan los Grammy y se corre el maratón de Nueva York, por cierto: los dorsales para la San Silvestre Vallecana, se ponen a la venta también en noviembre.

Noviembre en el cine:

Noviembre: película española de 2003 me pareció una ráfaga de aire fresco. Dulce Noviembre: 2001, bueno si una película de llorar, pero qué quieres que te diga a mi me gustó también y si la ponen una tarde dominguera en la tele, pues hago palomitas y venga a llorar otra vez. The november man: 2014, no me la he visto para serte sincera, pero igual este finde me echo la manta encima y luego te cuento qué tal me pareció.

Si por películas no será: november – 2004, Black november – 2012, november christmas – 2010 bueno esta última es tirarme piedras a mi propio tejado, pero la actuación de Sam Elliott y lo guapo que es John Corbett hacen que merezca mucho la pena verla, éso si, prométeme que la verás más tirando a diciembre que a noviembre.

Noviembre en la Música:

 

Los refranes de noviembre:
– A primeros de noviembre, siempre tu fuego enciende.
– En mediado noviembre, si no has sembrado no siembres.
– A últimos de noviembre coge tu aceituna siempre.
– En noviembre, el frío vuelve.
– En noviembre deshojas, muchas o pocas.
– Si en noviembre oyes que truena la siguiente cosecha sera buena.

 

No sé a ti, pero a mi noviembre me parece un mes genial y me niego a que me lo maten, es un mes tranquilo, no hay agobios de cara a ninguna “operación bikini”, ni el estrés del inicio de clases, podemos sacar ropa más abrigada y tener una excusa para arrumacos en la cama, un mes maravilloso en el que por supuesto: yo cumplo años, pero eso: es lo de menos – aunque recibo regalos todo el mes-. *guiño- guiño, codazo- codazo*
Si hay que sacar algo de este conglomerado de palabras es que necesitamos que #DejenVivirANoviembre

 

Este post forma parte de los #PostReciclados
la idea original fue publicada en otro de mis blogs
en noviembre de 2011
siguen siendo ciertas cada una de sus palabras.

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Lugares que el amor me robó.

Fotograma Being EricaFotograma Being Erica

“Y de hecho habrá tiempo, para la niebla amarilla que vaga por las calles rascándose el lomo contra las ventanas, habrá tiempo, habrá tiempo de que un rostro se prepare para enfrentar todos los rostros que enfrentamos. Habrá tiempo para matar, para crear, y tiempo para todas las obras y todos los días de estas manos, que levantan y te sueltan preguntas en tu plato. Tiempo para ti y tiempo para mi, y tiempo suficiente para cien indecisiones y  para cien visiones y revisiones, antes de la hora de una tostada con te”. 

Canción de amor – J. Alfred Prufrock (extracto)

 

Habrá tiempo para todo, pero yo sigo sin encontrar el tiempo para recobrar todo aquello que el amor me robo, tengo vacíos mentales, vacíos físicos, vacíos emocionales, hay barrios, bares, parques, libros, películas, canciones, ciudades, personas, cientos de cosas que el amor me robó y que me veo incapaz de reclamar, cientos de cosas que tengo tan asociadas a “el amor” que me duelen recordar aunque sean recuerdos felices, quizás más porque son recuerdos felices, así que voy por mi vida dando rodeos: físicos y mentales, hay supermercados por los que ya no paso, calles que ya no recorro, canciones que ya no canto, no las revivo porque eran suyas, eran del amor, no de una persona o de un tiempo en especial: eran del amor, del amor que me profesaron, del que yo grité al viento mientras sujetaba una mano que a su vez me sujetaba.

Hay sitios que siempre he querido recorrer, que no tienen la impronta de nadie a quien llamé “amor” pero que aún así no recorro, hay sobre todo bares, bares en los que nunca he saciado mi sed, bares que puede hasta sean pésimos y solo pongan cerveza con kikos, que pongan música de pachanga y en los que los servicios dejen bastante que desear, nunca lo sabré porque me da miedo ir. Soy tonta lo sé, me miro al espejo y me reconozco tonta, pero sigo sin sacar fuerzas para reconocerme de otra forma.

Habrá tiempo dice Prufrock, y en honor a ese tiempo que vendrá he intentado arañarle a la vida los retazos que me robó, he ido a bares, he visto películas, hasta me he atrevido con alguna canción. Todo ha salido mal, he sentido el viento golpeándome en la cara en forma de calles, me he retorcido con un dolor que me había negado a sentir, así que he hecho lo fácil y dando marcha atrás he ido cerrando vasos y creando pequeñas isquemias con la vaga ilusión de que cicatricen y dejen de doler, el problema es que todo lo que cura en falso al final se reabre y arrastra consigo tejido sano, así que aquí estoy con mi piel nueva, incolora y frágil, piel sin curtir; tengo miedo, un miedo horrible me recorre, me detiene y me grita que “no pasa nada si no pasa nada“, sé que lleva mucho tiempo no pasándome nada.

Hay algo que hago todos los días sin excepción cuando me subo al autobús camino de casa, no había sido tan consciente de ello hasta hace poco, me subo, paso el abono y acto seguido miro atrás, no busco a nadie, o quizás si, pero el caso es que miro atrás a la fila de gente que espera subirse en ése mismo autobús, los miro esperar mientras yo espero en mi asiento, no sé qué será la soledad pero para mi es subirme al autobús mientras miro la fila de gente en la parada, no porque me de miedo a que el autobús se vaya sin mi, después de todo yo ya estoy subida, es por un temor horrible a ver que la que se va soy yo, que me voy incompleta, sin mis barrios, bares, parques, libros, películas, canciones,ciudades y personas, me voy sólo yo.

Viajar sola no es malo, lo malo es huir de tu vida con la excusa de que viajas, como necesito curtir mi piel llevo unos meses recorriendo los sitios que no tienen impronta para así con un poco de suerte ir dejando en ellos la mía, voy dando pasos de bebé, me caigo y me levanto, no hay manos que me sujeten ni besos en las rodillas, pero me levanto una y otra vez porque me niego a que el miedo me gobierne, me niego a ser un espectador en mi propia vida, me niego a no reconocerme,  a vivir con un “y si…”

*Si este post fuera una canción, sin duda sería ésta.

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